Nadie saldrá del cine del mismo modo que entró.

★★★★★ Excelente

Camino

¿Cuándo puede uno considerar que una película es una gran obra? Los criterios de cada uno para valorar un film como algo digno de ser recordado y alabado son diversos. Hay quien valora por encima de todo lo demás la diversión, el evadirse del mundo real durante dos horas, con lo que a duras penas disfrutará con un drama histórico. Hay quien disfruta valorando aspectos técnicos como la fotografía, la dirección, el vestuario, así que poco le dirá una ópera prima de un director primerizo que se lanza con su primer guión y comete los fallos propios de un principiante. Hay quien se emociona ante un guión sesudo y documentado y jamás podrá pasárselo bien en una fantasmada propia del agente 007.

Yo no tengo un criterio fijo. Busco que una película me remueva, me provoque emociones, me haga sentir. Ya sea risa, tristeza, enfado, emoción… me da igual que sea tramposa, que juegue con el espectador o que no sea rigurosa mientras al salir del cine pueda recordar sensaciones perdurables vividas desde la butaca.

La premisa en la que está basada “Camino” y su realización, plantean una polémica. La película golpea con crudeza, muestra la enfermedad de una niña y su utilización por gente sin demasiados escrúpulos o con una fe rayana en la locura, en la que se puede caer si se acata la irracionalidad de una secta. Mezcla los sueños y anhelos de un espíritu con una bondad y una pureza casi mística con la dureza aséptica de las intervenciones quirúrgicas que la azotan. Por todo esto en determinados momentos se puede tachar de efectista y partidista. Javier Fesser deja muy claro su punto de vista y retrata al Opus Dei de forma cruel, aunque no sé si exacta, pues nunca he visto de cerca ese mundo. Pero por lo que oigo, veo y leo con respecto a “La obra” de Escribá de Balaguer, por mucho que los dirigentes de esta congregación desmientan el fundamentalismo y el extremismo que se desprende de su tratamiento en la película, estoy seguro de que en algunos sectores las cosas pintan de una forma similar a la que el director y guionista lo plasma.

El efectismo puede encallarse en el espectador en el momento en el que pensamos que Fesser está manipulando los sentimientos buscando la lágrima fácil. Pero esto no fue lo que yo sentí. La lágrima surge por la crudeza de la historia, por el trabajo perfecto de unos actores maravillosos, por los asombrados ojos, llenos de inocencia, de una niña indefensa ante lo que le rodea, por la poesía de sus sueños, cargados de metáforas y genialmente rodados. Javier Fesser nos remueve, pero contando una historia desde su universo personal, enriqueciendo cada imagen y cada idea.

Aparte de la historia y la forma de rodarla, me parece impresionante el trabajo de casting. No hay ni un solo actor que desentone. Carmen Elías está perfecta como la madre pseudo-iluminada de Camino, por la que no sabemos si sentimos lástima o lo que realmente queremos es atizarle unos sopapos a ver si espabila. Mariano Venancio despierta ternura e impotencia en cada plano, como el padre que no es capaz de instalar la cordura en su familia, demasiado oculto bajo la personalidad de su mujer a la que ama y no comprende. Nerea Camacho y Manuela Vellés parecen hermanas en la realidad, con los mismos ojos atentos y limpios, asustadizos y obedientes, temerosas de dar el paso hacia la vida que quieren por contentar, a la madre en el caso de la protagonista y a la institución en la que ha decidido ingresar en el caso de su hermana.

Por último, me parece todo un logro de la historia el cúmulo de casualidades en el que se basa el dramático desenlace, que pone en evidencia una iglesia que utiliza todo lo que está a su alcance para sembrar su ideología y extender forzadamente una fe más basada en el poder de manipulación que en el amor hacia su Dios, así como resaltan los sueños de Camino, muy alejados de las vilezas de los adultos y de la santidad que le pretenden atribuir.

Quizá, la única nota negativa, se la pongo a la típica leyenda final del tipo “En memoria de…”, innecesaria para la narración y que sólo ha sembrado polémica entre el director y la familia de Alexia González-Barros, la pequeña en la que está basada la película. No dudo que lo haya hecho de buena fe, pero quizá se lo podía haber ahorrado.

Quitando esta apreciación, “Camino” es una de las películas más apasionadas, bellas y desgarradoras que he visto últimamente, capaces de provocar un terremoto interno en todo aquel que la vea. Si no estás de acuerdo con el punto de vista del director, quizá salgas maldiciendo del cine. Si lo estás, saldrás apaleado y triste. Si no te posicionas, saldrás descolocado y con un montón de dudas en la cabeza. Lo que es seguro, es que nadie saldrá del mismo modo que entró.

Lo mejor: Prácticamente todo.
Lo peor: Dedicarla a la persona en la que está basada, algo que sólo ha generado polémica.
publicado por Heitor Pan el 31 octubre, 2008

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