Es bien cierto que se puede hacer un documental de prácticamente cualquier tema. Que en 2004 se suicidaran una media de 2 personas el mes desde el puente Golden Gate es un escabroso punto de partida. Si además resulta que algunos de estos suicidios fueron grabados por cámaras, el espectáculo puede estar servido.
Este documental, que viene a retratar las motivaciones del suicidio desde ese famoso puente de San Francisco, se balancea, nunca peor dicho, entre la frontera de lo moralmente enseñable y lo emotivamente demostrable: a pesar del egoísmo de una inmensa mayoría al no imaginarnos los motivos por los que la gente se decide matar, este último "ejercicio de autocontrol" es visto desde puntos de vista más racionales que emocionales. Sobre todo en este documental.
No sólo hay retratos de gente con problemas mentales, de depresión o cáncer. Hay incluso el caso de un chico con problemas que tras varios intentos, sobrevivió al salto. Tal vez sea de los testimonios más emotivos y sorprendentes. Sin embargo, a pesar del alto voltaje emocional del tema del documental, no consigue emocionar o afectarnos. Consigue impactarnos con el ejercicio de "documentación" de los saltos, incluso con alguna que otra historia de aborto de suicidio.
A pesar de intentar llevarnos por un camino muy emotivo, acompañado de notas de piano tristonas, el documental es una prueba de fuego de hasta qué punto nos podemos sorprender por ver a la gente quitarse la vida y escuchar los testimonios de amigos y familiares sobre cómo eran esas personas.
