Una historia sobre la creatividad en si misma. Un cuadro dentro de un cuadro.

★★★☆☆ Buena

Synedoche

Synedoche, presente en este Festival de Sitges 2008, forma parte de la sección oficial Fantàstic pero fuera de competición.

   Es curioso. Ignoro porque no está en competición pero aún me causa más extrañeza el hecho de que se la haya considerado cine fantástico. Cierto es que, cualquier que se la mire y más aún si no conoce a Charlie Kaufman, puede tener la impresión de estar viendo una película realmente rara pero no necesariamente fantástica. A ver, déjenme que trate de recordarla, que les aseguro que es más difícil de lo que parece.

   La película comienza con una familia, padre, madre e hija, en la cocina de su casa desayunando. El padre, que interpreta Philip Seymour Hoffman, es director de teatro y parece extrañamente preocupado por su salud (en una de las primeras secuencias se le ve ir al baño y remover su propia mierda para acabar comentando a su mujer que cree que hay sangrado en la deposición). La madre, que interpreta Catherine Keener, es una especie de artista conceptual moderna, pintora fundamentalmente, de esas que podrían exponer en ARCO. La hija es una niña corriente con muchas preguntas que hacer a sus preocupados padres.

   Hasta aquí nada de fantástico, ¿no? Seguimos.

   El padre, que como ya he dicho es director de teatro, está trabajando en una obra y se le ve flirteando con su ayudante (Samantha Morton) a la que no tardará mucho en tirarse aunque en mitad del polvo ella tenga que aguantarle sus lloros y sus penas porque, además de hipocondríaco también parece un tio muy deprimido. La madre, por otro lado, no parece excesivamente interesada en el trabajo de su marido y, el dia del estreno de la obra prefiere quedarse en casa colocándose con una amiga (Emily Watson). Ambos, además de todo lo dicho, visitan juntos y por separado a una psicóloga de moda que utiliza cada consulta para vender sus propios libros y decir frases vacías.

   ¿Alguien ha leído ya algo fantástico?

   Vale, vale, ahora llega la parte más extraña. Resulta que la madre decide fugarse con la hija y la amiga y el pobre padre se queda aun más triste, mustio y perdido de lo que estaba y, todo eso, a pesar de que le han concedido una beca de millones de dólares para que la emplee en realizar una nueva obra. Así pues, en plena crisis, decide que creará la mayor obra de teatro que jamás haya visto el hombre y, mientras lo hace, tratará de recuperar a su hija.

   ¿Dónde está lo extraño? Sumemos al último párrafo que el escenario de la obra será del tamaño de una ciudad (o quizá del mundo entero), que la preparación del libreto durará toda la vida que le queda por delante al protagonista, que éste contará con un segundo protagonista que le interpretará a él mismo y que dicho personaje lo encarnará un señor que le ha seguido durante más de veinte años observando cuanto hacía y, ¡ah! se me olvidaba; la ayudante vive en una casa que siempre está en llamas y que compró con ese handicap porque era más barata.

   No veo nada fantástico en todo ello. ¡No! En lo de la casa tampoco, no insista.

   Lo que si veo es que Charlie Kaufman está peor que Terry Gilliam y David Lynch juntos y que es capaz de escribir y dirigir una de las películas más raras que he visto y que es capaz de comprimir en dos horas la vida entera de una persona. No solo lo que hace, sino lo que siente, lo que piensa, lo que vive,… todo. Kaufman ha filmado nuestras miserias, las penurias del ser humano, con sus anhelos, sus egoismos, sus esperanzas, sus debilidades y hasta sus buenos sentimientos. Todo está en Synedoche. Una película inclasificable de un artista inclasificable.

¿Una película de cine fantástico? No. Una película fantástica.

Lo mejor: Las interpretraciones
Lo peor: Que resulta muy difícil no perderse en algún momento
publicado por Javier Paez el 10 octubre, 2008

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