Basada en la novela La Voie Sauvage de Daniel Oliver, la trama comienza de una forma casi surrealista: un anciano medio loco (Trevor Howard, excelente) invita a un joven desilusionado con su vida (Jonás, encarnado por el actor de televisión Mick Ford) a vivir con él en una abandonada gasolinera. Los trabajos que el viejo le encarga a Jonás a cambio de comida son tan duros como absurdos. Gracias a un hábil tratamiento del punto de vista, el espectador asiste al cambio que experimenta el joven y se da cuenta – a la vez que Jonás- que esta extraña labor de aprendizaje tiene su razón de ser.
A Años luz es una película muy bien realizada e interpretada; con un discurso que hace aumentar su importancia: la cinta habla de la libertad; de la verdadera, la que reside en el interior de las personas y que espera a ser descubierta.
