Una flojilla Anne Hathaway que funciona muy bien en productos de factura cómica y romántica (La Joven Jane Austen) pero naufraga en este psicodrama con tintes paranormales (aunque esos tintes duren escasos segundos) al igual que un despistado y guapísimo Patrick Wilson (Hard Candy) son los protagonistas absolutos de la cinta secundados por una retahíla de nombres bastante dignos: Clea Duvall, Andre Braugher, Dianne Wiest y David Morse. Si no se pueden salvar las interpretaciones más complicado es aún justificar el pastiche del guión, una succión de sinsentidos con un sospechoso olor a rancio compuesto por un copy-paste de las últimas cintas de terror psicológico de moda con un giro que a parte de poco sorprendente resulta forzado y bastante ridículo.
Y es que la factura del film deja bastante que desear, desde su accidente de avión rematado con el cartón piedra sobrante de Lost hasta el recorte de presupuestos en guionista que somete al espectador con vueltas de tuerca indignas del cine moderno rematando con un final que clama al cielo por largo e innecesario.
Tan sumamente mala que clama al cielo en todos sus apartados: dirección, interpretación, efectos especiales, pero sobretodo, guión.
Lo mejor: La presencia de Patrick Wilson ligerito de ropa, desde ahí la película decae terriblemente.
Lo peor: Es insultantemente predecible y el final clama al cielo. Es posiblemente la película que se hace más larga de lo que en realidad es de toda la temporada.
