Las ideas que trabaja la película se ven considerablemente achatadas por un guión que no sale de lo excesivamente convencional.

★★☆☆☆ Mediocre

Street Dance

Si Hollywood ya nos tiene hartos con la sobresaturación de remakes y secuelas de éxitos y tanques pasados, imagínense lo que sucede cuando aparece alguna secuela de un film menor. Esto es lo que sucede con Street dance, o Step Up 2: The streets, secuela del film de 2006, con otro director, otro elenco y una trama similar. Street dance se centra, como dice su título, en el baile en las calles, concretamente en las demostraciones de bailes de las pandillas de Baltimore. Hip hop, breakdance, tecno y demás ritmos y estilos contemporáneos se hacen presentes en una película que, básicamente, trabaja sobre la idea de “pertenecer”, tan en boga en los adolescentes de hoy día. Andie es una chica problemática que se junta con la 410, la pandilla dueña de las calles de Baltimore. Sin embargo, no se siente enteramente feliz dentro de ese grupo, y comienza a encontrar su lugar en el Maryland School of the Arts, formando allí un grupo para disputarle a la 410 el liderazgo en el “baile de las calles”. Por supuesto, sobrevendrá la historia de amor de la pareja protagónica, aparecerán las diferencias sociales y asomarán muchísimos estereotipos (ejemplo, la escena en la casa de la “chica latina”, donde terminan bailando salsa). De esa manera, las ideas que trabaja la película se ven considerablemente achatadas por un guión que no sale de lo excesivamente convencional, incluso (y sobre todo) en sus puntos de giro, que nos permiten adivinar en todo momento cómo evolucionará la trama. La forma en que Street dance muestra a las pandillas puede recordar al clásico del musical Amor sin barreras (West side story). Como aquella, las pandillas parecen carecer de todo componente violento, edulcoradas por el amor a la música y el baile, necesario para el verosímil de estas películas. Sin embargo, esta mirada le quita todo realismo, y lo que en aquel clásico podía tolerarse ampliamente por su inmersión en el plano de la tragedia shakesperiana, por algunas canciones que quedaron en el recuerdo, y, sobre todo, por Nathalie Wood, a falta de todo esto, el verosímil no corre aquí la misma suerte. Algunas secuencias de baile interesantes (particularmente, la secuencia final), y una apenas correcta dirección, son los elementos más destacados de esta película, pero estos no consiguen sacarla de la categoría de “subproducto para adolescentes”. El mismo resultado de su antecesora que, como tantas otras películas, no merecía una secuela.
publicado por Leo A.Senderovsky el 17 septiembre, 2008

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