Las gigantescas sombras de Ultraman, Godzilla y Mazinger Z, sobrevuelan esta original vuelta de tuerca al manido tema de los Kaiju eiga, que en clave de comedia nos cuenta el día a día de un superhéroe nipón a la antigua usanza.

★★★☆☆ Buena

El Gran Hombre de Japón (Dainipponjin)

Falso documental que narra las aventuras y desventuras de Daisato, un recién divorciado de cuarenta y pocos años que lleva una vida retraída y patética. Un pobre diablo que nunca ha salido de su país y que tiene poco que contarle al mundo, salvo el hecho, claro está, de que mediante una ancestral ceremonia de transformación (compuesta básicamente por fuertes descargas eléctricas en sus sensibles pezones), Daisato se convierte en un superhéroe del tamaño de un rascacielos, un gigantesco paladín que con la ayuda de un palo, un peinado estrafalario y unos calzones morados, lucha contra todo tipo de ridículos monstruos posnucleares con el propósito de defender la verdad, la justicia y los tallarines instantáneos con sabor a pollo. 

El cómico japonés Hitoshi Matsumoto escribe, dirige y protagoniza, esta original vuelta de tuerca al manido tema de los Kaiju eiga, una cinta en clave de comedia que nos cuenta el día a día de un superhéroe nipón a la antigua usanza. Las gigantescas sombras de Ultraman, Godzilla y Mazinger Z, sobrevuelan un filme más oscuro de lo que parece a simple vista, ya que la cinta funciona a dos niveles: como delirio pop y como ácida crítica sociopolítica al Japón actual, llevándose también lo suyo China, Estados Unidos y la sociedad de consumo en general.

Hitoshi Matsumoto ejerce de protagonista absoluto de un mockumentary que combina lo cotidiano con lo fantástico y que hace un nada amable ejercicio de desmitificación de la figura del héroe. El aburrido y obtuso Daisato, en su papel de hombre de a pié, se nos presenta como un personaje tan poético como patético, una mezcla de Quijote y molino de viento, dos en uno, con unos diálogos de lo más banales e intrascendentes, faltos de interés y llenos de fastidiosos silencios. Es un individuo que da lástima y no cae bien, pero con el que uno puede reírse de su desgracia. El Daisato superhéroe tampoco mejora, resulta caduco, una figura decadente que ha perdido la conexión con las actuales generaciones y que recuerda con nostalgia pasados mejores, cuando los superhéroes gigantes estaban en la cresta de la ola y eran lo más.


Big Man Japan es una obra de culto instantánea, cargada de imaginería visual y con unos efectos especiales de lo más resultones. Una cinta que puede presumir de tener la trouppe de monstruos con el diseño más delirante jamás visto, una obra extraña, gamberra, bizarra, patética, absurda, lenta y con un insólito sentido del humor, características estas dos últimas que pueden provocar en el espectador occidental un extraño complejo de vaca mirando pasar los trenes, ya que lo cafre de su protagonista, sumado a las características formales y el ritmo rematadamente pausado de la cinta, pueden dificultar que se establezca una complicidad con lo que se está viendo (a no ser que usted sea un otaku salido de madre, que entonces se lo va a pasar de aúpa). Mención a parte se merece el tramo final de la cinta, quince demenciales minutos con tintes de pesadilla gondriana que dejan completamente perplejo al espectador, una ida de olla de las que hacen época y que al asimilar rasgos característicos del Kaiju eiga más casposo y hortera, rompe completamente con el resto del metraje y otorga al filme de una extraña profundidad y tristeza.

La frase: “Si se le ignora, acaba recuperando su tamaño.”

Lo mejor: Esos monstruos de diseños imposibles y la propuesta, igualmente delirante.
Lo peor: Que aburre y te deja a cuadros.
publicado por Cecil B. Demente el 15 septiembre, 2008

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