Y aquí nos dejan con las ganas. El argentino, esta primera parte del biopic del Che, es es un collage de diferentes tonos: imágenes documentales en blanco y negro, partes estáticas en las que se entrevista al señor Guevara, y otras más cinematográficas que recrean los principales acontecimientos de la agitada vida del revolucionario. Un montaje a lo Oliver Stone, que intenta que no te duermas, y una realización notable en todos los aspectos (lógico tratándose de este tipo de producción), hacen de las más de dos horas que dura el filme un rato que entretendrá a los interesados en la historia y hará entrar en materia a esos chavales que llevan la cara del Che en camisetas, tatuajes, chapas… Pero, volviendo a la reflexión inicial, esto no es una película, sino una parte de la misma. Y no podemos juzgarla igual, ya que lo que vemos no es lo que Soderbergh querría que viésemos. Además, si miráis un poco en Internet veréis que es la segunda parte la que más está gustando a todo el mundo.
Si Diarios de motocicleta apelaba a la épica y al lirismo de una lucha, en El argentino lo que tenemos es un retrato casi documental del Che. Un retrato no del todo imparcial y algo más respetuoso de lo que debería ser, pero que trata de arrojar luz sobre la vida de un hombre que, sin quererlo, se ha convertido en un icono pop al servicio del capitalismo. Sin más, habrá que esperar a ver la segunda parte para sumergirnos en la dimensión dramática, en los últimos pasos del Che hacia la muerte. Quizá sea ahí donde este correcto biopic pase a ser algo más, en el momento en el que la anécdota, la reflexión y la tristeza confluyan en el rostro de Ernesto Guevara. Seguramente el director y del toro vuelvan a optar a la estatuilla como en TRAFFIC.
Lo mejor: El enfoque casi documental.
Lo peor: Que esté incompleta.
