La descomposición de la cabeza del título es pareja a la que sufre el protagonista, que se mantiene en pie gracias al alcohol, al instinto de supervivencia y al deseo de venganza.
Entre el western fronterizo, las road movies y el género negro, transcurre esta historia del típico perdedor, muy en la línea del cine crepuscular y personal de Sam Peckinpah: un cacique mejicano (Emilio Fernández, prácticamente en el mismo papel que le confiara su amigo Peckinpah en Grupo Salvaje) pone precio a la cabeza del responsable de dejar embarazada a su hija. Entre los distintos "buitres" que se disputan la codiciada pieza se sitúan Bennie (Warren Oates) y su amante (Isela Vega). Ambos inician un viaje desesperado, en un entorno de lo más hostil.
Con la cabeza de Alfredo García como un personaje más, Bennie sortea todo tipo de dificultades a través del polvoriento desierto. La descomposición de su presa es pareja a la que sufre el propio Bennie, que se mantiene en pie gracias al alcohol, al instinto de supervivencia y al deseo de venganza -dicen que Warren Oates se inspiró en el mismísimo Peckinpah para interpretar su papel; y se ayudó de las gafas del propio cineasta para llevarlo a cabo-.
En el tramo final de la película, como en sus mejores cintas, el director suma a la violencia -y al tequila- su característico romanticismo para rematar un largometraje que casi se puede considerar de culto.
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