Desde hace un par de años, el cine español ha comenzado a abordar producciones más ambiciosas, en especial producciones históricas de gran presupuesto. Algunas de ellas han contado con un atractivo reparto internacional, aunque ello no ha impedido que la mayoría no hayan cumplido con lo que se podía esperar de ellas.
Siguiendo esta línea se encuentra La Conjura de El Escorial -y en un mes llegará la tan esperada Sangre de Mayo, de José Luis Garci-, en la que Antonio del Real acerca al espectador uno de los sucesos menos conocidos y más oscuros del reinado de Felipe II. Sin embargo, del Real ya avisa al comienzo que el film es una ficción inspirada en hechos históricos, lo cual es un mal augurio. Basta mencionar un detalle de la cinta para ver que el rigor histórico brilla por su ausencia, algo por lo que siempre hemos criticado a las producciones anglosajonas y que en justicia debería ser más criticado aún en una producción española. La trama transcurre en 1578 y las obras del monasterio de El Escorial no finalizaron hasta 1584, pero ello no es impedimento para que del Real nos deleite con varios planos generales que muestran la grandeza y el esplendor de la obra cumbre de Felipe II. Si un rápido análisis histórico no es nada benévolo con la película, un análisis cinematográfico es aún más despiadado. El film no tiene la más mínima consistencia y el guión provocaría risa si la puesta en escena y la dirección -la escena de la ejecución, y la de la detención de la Princesa de Éboli son lamentables- no rayaran en el más absoluto patestismo. Sólo Juanjo Puigcorbé, Jason Isaacs y Joaquim de Almeida consiguen unas interpretaciones decorosas. Las subtramas que rodean a la historia principal son tan vergonzosas como superfluas, especialmente la protagonizada por Jürgen Prochnow y Blanca Jara.
La Conjura de El Escorial es una película tan lamentable como prescindible, otro intento fallido del cine español por hacer cine histórico.
