Siguiendo esta consigna, el director mexicano lleva a Rojo a su terreno en una secuela magnífica que amplía la fórmula original del héroe incomprendido que generosamente lucha por defender a la misma gente que le teme. En esta ocasión no son monstruos lovecraftianos de largos tentáculos ni nazis inmortales, sino una amenaza que viene de Bethmoora, el oscuro mundo de las hadas que pudimos conocer en El laberinto del fauno. Situando a los personajes en su propio mundo fantástico, Guillermo del Toro nos ofrece una muy personal montaña rusa de acción con el mejor diseño de producción que hemos podido disfrutar este año. El mundo del cómic y El Bosco se dan la mano para ofrecernos unas imágenes inolvidables donde belleza y fealdad pierden su nombre para dar paso a una extraña fascinación entre lo onírico y lo divino (al sobrecogedor Ángel de la Muerte me remito).
Donde la fantasía gótica de cartón piedra de Tim Burton falla, las creaciones llenas de alma de Guillermo del Toro triunfan. La mayor virtud de Hellboy 2: El ejército dorado es su capacidad de usar su poderío visual a favor de una historia que, si bien peca de previsible, está muy bien llevada. Mitología, acción desbordante, aventura, drama y comedia se encuentran sabiamente dosificadas a lo largo de dos horas de entretenimiento en su estado más puro. Sólo resulta algo criticable que el amor desmedido de Del Toro por los personajes le haga desviarse de la trama para ofrecernos algunas estampas costumbristas de su rutina diaria. Estas escenas resultan entrañables, divertidas y humanizan a unos héroes nada humanos, son todo un deleite para fans que además sirve para descansar entre escenas de acción, pero también una posible decepción para el público casual que sólo quiera ver unos guantazos bien dados. Que los hay.
Obviando sus perdonables defectos, tan subjetivos y discutibles que no valdría la pena pararse a enumerarlos, la última aventura del demonio creado por Mike Mignola es toda una sorpresa veraniega y un deslumbrante puñetazo a Hollywood. Películas como ésta son necesarias para recordarnos que el entretenimiento más palomitero no está reñido con la calidad y el buen hacer. No cabe duda de que el ejército dorado no gustará a todo el mundo, pero sí es una película que todo el mundo debería ver.
