La película de Martel desborda misterio. Detrás de la apariencia, lo imprevisible ocupa un lugar central. Es el tipo de cine que permite despertar en el espectador un sexto sentido. El mismo que nos sumerge en el camino de la exploración.

★★★★★ Excelente

"No debemos dejar de explorar, porque al final de nuestra exploración llegaremos a un nuevo punto de partida y conoceremos el lugar por primera vez" T.S. ELLIOT

Martel apuntaba, en alguna entrevista, que los títulos de sus tres películas podrían ubicarse en el mismísimo cine de terror. Dícese LA CIÉNAGA, LA NIÑA SANTA y la comentada LA MUJER SIN CABEZA (ahora se habla, incluso, de trilogía). Y alguna coincidencia hay con EL ÁNGEL EXTERMINADOR de Luis Buñuel. Algo "buñueliano" abarca la obra de la directora argentina y, en especial, su última película. En planteo, temática y estilismo, que remiten (irremediablemente) a múltiples lecturas. Puro cine:

Planteo: político-social. ¿Cómo hacer cine político? Cuéntame un cuento. Historia pequeña con sombra alargada. Clase social dominante que atropella, "como si de perros se trataran", a sus esclavos. Esos mismos que nunca miran a los ojos de los que mandan y que obedecen a cualquier tipo de orden. Y sus amos están enfermos. Pero son amos y tienen el poder. Y el poder es sinónimo de corrupción. Y la corrupción permite tapar lo que es una evidencia: los amos son verdugos. ¿Cómo filmar una tragedia? Cuéntame un cuento…

Temática: las miserias de la clase media-burguesa. Una sola palabra: decadencia. La otra que sigue: supervivencia. La aparente calma entra en "shock". Los diferentes actores intentan bailar al son de la misma melodía. Les va la vida en ello. Donde había armonía, ahora hay locura. Sólo hay que normalizarla…como si no pasara nada. Y las miserias quedan en los márgenes. Fuera del alcance de los ojos

Estilismo: claustrofobia y endogamia por los cuatro costados. Producida, entre otros, por Almodóvar (ya lo hizo con LA NIÑA SANTA) cuenta la historia de una mujer, interpretada por la desconocida María Onetto, y su accidente. La relación de ella con su entorno. Cerrado. Incluso las emociones no tienen lugar. Todo es rutina, todo es predecible, todo es control. Primeros planos acotan el lugar. Infinidad se sonidos nos transportan a un universo particular.

La película de Martel desborda misterio, como en la obra maestra de Buñuel. Detrás de la apariencia, lo imprevisible ocupa un lugar central. Hay algo en los gestos de Verónica –en su mirada– que provoca sensaciones al borde del precipicio. Ese mismo que no nos deja ver que hay en el fondo de la caída. Es el tipo de cine que permite despertar en el espectador un sexto sentido. El mismo que nos sumerge en el camino de la exploración.

 

publicado por José Antonio Bermúdez el 1 septiembre, 2008

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