La historia comienza cuando el matrimonio de Grant y Fiona lleva más de 40 años unido. En su retiro en su casa de las montañas todo es cómodo y tranquilo. Pero la estabilidad se esfuma cuando ella comienza a sufrir pérdidas de memoria. Estos descuidos cada vez van a más, y es Fiona la que decide ingresar en una residencia. A partir de entonces, la vida de Grant da un giro que le lleva, en todos los sentidos, a una vida nueva.
No difiere demasiado de una película de sobremesa, pero no os dejéis engañar, en esta película hay sentimientos en cada plano, la historia está mostrada de una manera cómplice, nos hace partícipes. Los personajes ofrecen una riqueza de sentimientos y ternura, que los dota de una garra que hará que los acompañes a través del duro trayecto que supone el hilo argumental de la película.
La directora y guionista nunca pensó en otra actriz que no fuera Julie Christie para el papel de Fiona, y desde luego a mi tampoco se me ocurre pensar en nadie más. Igualmente, el arco interpretativo del personaje de Grant supone un ejercicio encomiable para Gordon Pinsent. Ambos perfectos en su interpretación, junto a una más que correcta puesta en escena y dirección hacen de esta película una muy buena opción para pasar un buen rato viendo una bonita historia de buen cine.
