Lyra Belacqua sólo tiene 12 años. Huérfana rebelde que vive como una reclusa en Jordan College en la ciudad de Oxford, Lyra pertenece a un mundo que es uno de muchos mundos paralelos: mundos no vistos, dimensiones intangibles donde la humanidad se desarrolla con sutiles diferencias. El supremo cuerpo de gobierno llamado el Magisterium está apretando sus garras contra la población. Su oscura maniobra ha dado lugar a una erupción de secuestros de niños por una fuerza misteriosa llamada los Gobblers.
Típico. No hay otro adjetivo para la película. A pesar de contar con grandes actores (Daniel Craig, Eva Green, Ian McKellen) que salen airosos de su interpretación y que dan un caché premeditadamente lujoso a la película, la historia se parece a Harry Potter, a Las crónicas de Narnia, a El señor de los anillos, a Eragon, a Los seis signos de la luz y a todas las películas de mismo corte infantil-todos los públicos que proliferan, sobre todo, en esta incipiente temporada navideña. Así que poco más que contaros, aunque, desde luego, y como ya os dije hace tiempo, ver a Nicole (Kidman) en acción nunca viene mal.
Pero me temo que toda la atención se la llevará la polémica que suscita la antirreligiosidad de la película. Que por lo que cuentan, está infinitamente más presente en los libros, pero que han suavizado, sin eliminarlo en absoluto, para las películas. Y es que si en el año 2007 aún seguimos creando polémicas de este tipo, llegando a intentar disuadir a los niños de que vean ciertas cosas, y avisando a los padres de que cuiden a sus hijos de ir a ver algunas películas… le pese a quién le pese, estamos volviendo a poner en práctica técnicas utilizadas en épocas fascistas para adoctrinar al pueblo.
Y no hablo sin saber. A mi buzón de correo electrónico ha llegado ésto, y una misiva como ésta, directamente no debería existir. Primero por ofensiva, segundo por mal informada (Kevin Bacon no está en la película) y tercero por agitadora, tremendista y manipuladora. Discuto el fondo, por supuesto, pero leyendo semejante panfleto, se hace necesario discutir la forma también. Y es que realmente no se si alguien hará caso a éstas instrucciones (supongo que sí, de otra forma no se mandarían), pero a mí, personalmente, me darían más ganas de ir al cine si me aconsejaran no ir… es una lástima que el miedo (no sé muy bien a qué… o sí) haga reaccionar de esta forma tan ridícula.
