Después de la maja y divertida Hellboy, Guillermo del Toro ya se había superado a sí mismo firmando una obra maestra llamada El laberinto del Fauno. Pensaba yo que tras tal alzamiento artístico, volver a las andanzas del diablillo juguetón significaría retornar al simple entretenimiento propio de una típica secuela de aventuras -no lo neguéis, acostumbran a ser muy inferiores-. Me equivocaba: Hellboy II: El ejércio dorado no alcanza, ni se propone hacerlo, los altísimos niveles de la mencionada maravilla anterior, pero sí lo hace con su predecesora y con la mayoría de películas del género de los últimos tiempos. Y es que cuesta, y costará, encontrar tal frescura y dinamismo durante todo un metraje, tal habilidad y tales conocimientos cinematográficos -y cómicos, por si se me olvidaba- como los que el señor Del Toro demuestra, o vuelve a demostrar. Y, lo que es más importante: en todo momento se presencia un in crescendo de desbordante originalidad, que atorga una vez más un sello propio a la obra del cineasta mexicano -acuérdense de la escena de las cervezas y ese "can’t smile without you…", cuyo tono tan remotamente emotivo nunca llegaremos a ver en ninguna otra cinta de aventuras y criaturas fantásticas-. Un acertado uso de -sus- relojes, máquinas apabullantes, lugares siniestros… Nunca dejando de lado lo que más le gusta: el paralelismo entre la realidad y la fantasía -muy bien comparado gracias a un trabajo de montaje asombroso, bastante parecido al del Fauno-. Mediante una mezcla entre un tono cómico y uno poético que resalta hacia el final -magistralmente resuelto y acompañado por una partitura de Elfman emocionante y eficaz-, con esta secuela se demuestra sabiduría, genialidad e imaginación pura.
Todo esto, sin embargo, hace condicionar a un guión que, sin ser mucho menos malo, va aflojándose a medida que el film avanza, sin resultar nunca redondo pero sí atractivo -hay momentos tan brillantes que a uno le dan ganas de levantarse y aplaudir-. Lo que más me atrae a mí, sin duda, es su capacidad de huir de todo tópico que se le venga por encima, huir tan lejos como Hellboy hace a veces, ser tan radicalmente diferente del resto. Nada mejor, además, que un reparto en estado de gracia como el que nos ocupa, con un trío actoral cuyos personajes les van a su medida formado por Ron Perlman, Selma Blair y Doug Jones -destacar las constantes discusiones entre los dos primeros, y un final tremendamente encantador-. Aunque posiblemente, y a nivel de escritura de personajes, falte un desarrollo algo más completo de todos ellos…
Hellboy II: El ejército dorado posee fuerza, es visualmente perfecta -pocas veces resulta recargada- y, sobre todo, mantiene al espectador entretenido durante algo menos de dos horas, que pasan volando, con un ritmo endiablado. Otro logro por parte de Del Toro; una cinta fascinantemente dorada cuyos fallos se esconden detrás de sus propios muros, sólidamente construidos. Ésta es la película más entrañable, conmovedora, veloz y divertida de lo que va de año.
