El filme, basado en el best-seller de no-ficción de Jon Krakauer, cuenta cómo el joven e idealista Christopher McCandless abandona su vida en la civilización, deja sus posesiones y dona sus 24.000 dólares de ahorros a la caridad para poner rumbo a la salvaje Alaska. En su viaje, conocerá a multitud de personajes que le marcarán y a los que marcará de por vida, todo, durante su odisea personal de mimetización hombre-naturaleza.
Los premios Oscar de este año han concedido dos nominaciones a este filme, el de mejor actor secundario para Hal Holbrook y el de mejor montaje. Sobre el tema actoral la idea es clara: todos, sin excepción, estén maravillosamente bien en sus papeles, desde el gran Emile Hirsch, hasta el nominado Holbrook, en su papel del entrañable Ron. Destacar por encima del resto a William Hurt, particular dios de la interpetación que a pesar de tener un papel breve, sencillamente lo borda.
Destacan igualmente la fotografía preciosista del francés Eric Gautier, en una película donde los paisajes y la naturaleza cobran protagonismo propio; y las canciones de Eddie Veder, perfecto acompañamiento para esta cruda historia.
El único problema de la película es su duración y tempo. 140 minutos son muchos minutos para una historia aparente simple, compleja en su fondo, y que el director se empeña en remarcar una y otra vez con eternos planos y alargadas situaciones que pretenden hacer pensar, pero lo que hacen es roncar. Lamentablemente es la unica pega, pero es lo suficiente evidente como para estropear un todo que, probablemente, con un tratamiento mas dinámico, hubiera sido una pequeña joyita.
