Una pareja de enfermos terminales de cáncer, de caracteres y mundos completamente opuestos (Edward Cole es un engreído millonario mientras que Carter Chambers es un modesto mecánico), decide hacer un último viaje para poder realizar todas las cosas que desean hacer antes de morir.
Como ya pasara con papeles como el de Infiltrados en el caso de Nicholson o el de Million Dollar Baby en el caso de Freeman, es difícil que salga mal un personaje hecho a medida. En este caso, no sólo sale bien, sino que traspasa la frontera de lo meramente formal y se convierte en un verdadero juego entre dos actores de renombre que desde hace tiempo querían trabajar juntos.
De argumento ligero, básico y simple, lo mejor de esta película es el fondo que se transmite, la idea básica de la última oportunidad, de la libertad y de muchos otros temas que sin duda están muy presentes en la sociedad actual.
Interesante reflexión la que plantea el filme e interesante propuesta para la cartelera actual, tan hiperpoblada de grandes producciones con pretensión pre-Oscar y exagerada publicidad. Una pequeña película, sin ninguna artificialidad, sincera, consecuente y que depara un agradable rato de buen cine hecho con cariño.
