Del cine indie reciente, una de las propuestas más extravagantes es este film que suda blues por cada uno de sus fotogramas.
Sudan los protagonistas y hacen que nos asemos en la historia de personajes abandonados y perdidos en Mississippi. Pero se encuentran, se lamen las heridas y aprenden de sus experiencias vitales.
Una historia que bien podría haber cogido Tarantino y que seguramente hubiera convertido en una parodia de lo que realmente es: personajes que intentan no caer en la tentación de volver a hacer las cosas mal para no estar más solos aún. Sin embargo el personaje de Jackson, más maduro y más religioso pero también pecador tras haber perdido a su mujer en una infidelidad de ésta, trata de conducir por el buen camino a una chica maltratada por la vida y con cierto destino masoquista. Y la encandena en su casa, como si tuviera una enfermedad: la ninfomanía.
Una historia extravagante pero tierna, aleccionadora y que en sus extremos y pasiones tiene los ingredientes de su encanto. Toda ella trufada de buen blues, cantado por su protagonista, y con personajes secundarios estupendos. Si, incluido Justin Timberlake.
Sorprendente película que, a pesar de que muchos creyentes o religiosos puedan verla como algo provocativo, es un buen ejemplo de cómo gente que no sabe hacer otra cosa, ayuda como puede e intenta arrepentirse al mismo tiempo. Buena.
