John Sayles consigue de Danny Glover uno de los papeles más convincentes y sensibles de toda su carrera, y consigue contarnos una historia que, sin ser naïf, cuenta el dolor de una comunidad desde su costado más iluminado y tierno.

★★★★☆ Muy Buena

Honeydripper

Siempre es hermoso encontrar, en medio de tantas producciones que buscan constantemente la sobredimensión y el exceso, una película que sencillamente intente emocionarnos con su aire esperanzador. Honeydripper se ve iluminada por su tono franco e inocente. Inocencia que se puede observar en la esperanza, en la idea de poder salir del pozo, en seres que no bajan nunca los brazos. Cierta inocencia puede encontrarse en la ternura de los personajes, pero no en el contexto en el que se encuentran presos. Comienzan los cincuenta, los negros ya no viven como esclavos, pero el racismo se mantiene con fuerza, siguen sufriendo el sometimiento de los blancos, y faltarían unos diez años para que uno de ellos se vuelva famoso por reclamar sus derechos, hasta perder la vida por ello. Tyrone, su familia y amigos no la tienen muy fácil, pero se aferran a lo poco que tienen. El bar que posee Tyrone va camino a desaparecer, y frente a esto, no le queda otra que adaptarse a los tiempos que corren y dejar en el camino a los viejos bluseros para aceptar la guitarra, y eso que poco después se llamaría rock ‘n roll. Pero esto solo no alcanza. Tyrone debe negociar con la mafia, que intenta quedarse con su local, y con un sheriff que explota trabajadores negros a punta de pistola. Esta dramática historia posee una mirada optimista, delicada, que se traduce en su banda sonora, la cual va del blues más melancólico y triste, a las “nuevas olas”, pasando por la música del coro góspel, que le aporta el color característico a la religión, el espacio aglutinante de estas comunidades, que se ocupaba de condenar fervientemente supuestas inmoralidades, como el bar de Tyrone. Curiosamente, y por fortuna, esta historia de negros que hacen lo que pueden por un poco de felicidad en medio de tanta opresión, la dirige un blanco. Previsiblemente, este blanco es John Sayles, conocido por ser un realizador independiente que suele inmiscuirse brillantemente en distintas comunidades, y contar de manera inteligente y precisa, historias de hondo contenido político, sin perder de vista la fuerza de los personajes. En Honeydripper, Sayles consigue de Danny Glover uno de los papeles más convincentes y sensibles de toda su carrera, y consigue contarnos una historia que, sin ser naïf, cuenta el dolor de una comunidad desde su costado más iluminado y tierno, y solo logra descolocarnos cuanto intenta colocar en la historia un flashback puesto casi exclusivamente para entender la necesidad de Tyrone de mantener la unión de su comunidad, frente a la maldad o la incomprensión del blanco. El resto, dos horas de pura dulzura al ritmo del blues y de unos personajes construidos con notable sinceridad.
publicado por Leo A.Senderovsky el 21 agosto, 2008

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