Esta historia femenina, en la sociedad rumana de aquellos años que precedieron a la caída del muro de Berlín, supone un perfecto equilibrio entre el componente humano específico y el contexto cultural que determina las acciones de los personajes en e

★★★★☆ Muy Buena

4 meses, 3 semanas y 2 días


Hablábamos sobre cómo construir el discurso de manera que la expresión pueda ser identificada por la caligrafía, obviando otros recursos que pueden facilitar la transferencia hacia el lenguaje – ya sea textual o visual – al precio de reducir ese mismo anhelo de minimizar la distancia entre la idea y la vertebración de la misma en un trazo resolutivo. Buscar la Imagen que sea nuestro entramado conceptual convertido en los signos de aquella, crear el lenguaje sin artificios. La disyuntiva pasaba por valorar la importancia del guión en función de la capacidad de organizar el contenido en la Imagen. Conclusión: un guión puede ser más o menos solvente pero no determina la cualidad de la expresión visual que en última instancia ha de ser un reflejo de nuestras intenciones. Lo que vemos en pantalla es un ordenamiento imaginado, no la traslación de la arquitectura del texto, siempre esquemática y carente por sí misma de profundidad. De lo contrario, no estaríamos hablando de cine. Supongamos; un guión banal sometido a la mirada profunda del realizador de imágenes puede resultar en una obra de gran calado narrativo y lingüístico. De hecho, no existen buenos y malos guiones, sino creadores con distinto grado de aptitud.

No es el caso de esta excepcional obra que ahora nos ocupa, desde la concisión del texto base desarrolla su descripción a golpe de Imagen sintética, fulgurante puesta en escena cuya precisión la hace invisible. Esta historia femenina, en la sociedad rumana de aquellos años que precedieron a la caída del muro de Berlín, supone un perfecto equilibrio entre el componente humano específico y el contexto cultural que determina las acciones de los personajes en esa atmósfera opresiva, esos encuadres de las calles rumanas, la suciedad de sus muros y sus cloacas, la probredumbre de las gentes tanto a nivel material como moral. Ese ordenamiento es el espacio para tejer relaciones vida-muerte, una denuncia contra la incomunicación, el prejuicio y la discriminación en función del sexo, la edad, la clase social. El cine como realización de un estado mental colectivo partiendo de la microhistoria, con el debate sobre el aborto en un orden puramente formal. Hay un plano secuencia que desciende hasta dar con la Imagen (devastadora) de un feto arrojado a los suelos mientras la madre esconde su conciencia entre las sábanas y declina la responsabilidad en su amiga, la cual recorre la suciedad de la noche y huye de los espectros. Todo termina en las sombras de la cloaca. Al hilo del inicio, la imagen es el lenguaje, no hay nada aparte de la realización, pero todo esta ahí: narración, discurso, temática. El uso de la elipsis supone un encuentro con el drama vivido en tiempo real.


Introduce o define personajes jugando con los elementos que quedan fuera del campo visual, de forma que la expresión emocional a menudo queda definida en esa incertidumbre o correspondencia entra el espacio visible y los elementos correlativos que están más allá. El plano que abre el filme (plano secuencia en retroceso: una mesa, objetos de cocina y utillaje doméstico, y seguidamente amplía el espacio hasta la aparición en los márgenes del encuadre de las muchachas que centrarán el desarrollo) y el último plano en el que vemos a las dos protagonistas en el centro y definiendo con el silencio la mejor resolución si atendemos a la lógica del discurso implícito en toda la secuencia. Las Palabras son en y con la Imagen.
publicado por José A. Peig el 21 agosto, 2008

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