Aprendiz de Caballero es, pese al lavado de imagen que le ha pretendido dar su distribuidora, un pésimo híbrido entre títulos medievales como Destino de Caballero y la saga American Pie.

★☆☆☆☆ Pésima

Aprendiz de Caballero

Al igual que está prohibido y severamente penado el vandalismo y el destrozo de  cualquier tipo de monumento y obra de arte, debería estar igualmente castigada la profanación de los grandes clásicos de la literatura universal. En Amanece que no es Poco se decía con mucha sorna que el leer mal una novela podía fastidiarla, pero el realizar una adaptación de El Decamerón como la que ha hecho David Leland en Aprendiz de Caballero es criminal.

Afortunadamente la película está muy lejos de ser rentable o siquiera de amortizar su coste, algo que sin duda disuadirá al resto de productores de realizar adaptaciones de los clásicos más “frescas” y enfocadas a un público más juvenil e idiotizado -aunque Baz Lhurmann ya lo intentara con su versión de Romeo y Julieta-, incapaz de apreciar o siquiera llegar a entender las grandes joyas de la cultura universal. Todas estas cuestiones son más interesantes que lo que se pueda decir de Aprendiz de Caballero, un extraño híbrido entre Destino de Caballero -valga la redundancia gracias a la traducción del título de Aurum- y cualquier film de adolescentes descerebrados y con un gran excedente de hormonas. Una rara mezcla que no dejará satisfecho a nadie, al ser demasiado simplona y vulgar para un público más exigente, mientras que para los consumidores de películas juveniles la encontrarán demasiado compleja y aburrida con sus historias cruzadas. Si ya el guión es un completo desaguisado, la dirección de David Leland convierte al conjunto en una catástrofe mayúscula. Las historias van y vienen sin ninguna razón de ser, los aspectos técnicos como la fotografía o el vestuario fallan estrepitosamente -y no hablemos ya de buscar cierto rigor o correlación histórica- y la música sólo consigue enervar al espectador. Hayden Christensen y Mischa Barton se comportan como una versión florentina de los amantes de Teruel, mientras que Tim Roth aporta con su interpretación el único atisbo de calidad en una producción lamentable.

Aprendiz de Caballero es, pese al lavado de imagen que le ha pretendido dar su distribuidora, un pésimo híbrido entre títulos medievales como Destino de Caballero y la saga American Pie. Si alguien cree que de esa extraña mezcla puede salir algo bueno, sin duda disfrutará con el film de David Leland. Sólo nos queda esperar a que ningún productor quiera repetir el experimento nuevamente.

Lo mejor: Además de Tim Roth, que el fracaso comercial del film sirva de escarmiento al resto de productores
Lo peor: Tratar a El Decamerón como una vulgar y simplona película de adolescentes rebosantes de hormonas
publicado por Francisco Bellón el 10 agosto, 2008

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