La enorme ambición de Nolan resultó en una interesante aventura psicológica y visual, pero deja un extenso recorrido conceptual al cual no alcanza.

★★★☆☆ Buena

Batman begins

De cómo Batman llega a ser Batman subrayando aquellos matices que en los precedentes – con Tim Burton a la cabeza – quedaban omitidos por ser prescindibles en el objeto de construir un entretenimiento sólido, sin más oscuridades que las que venían impuestas por la estética de la Imagen, siempre buscando ese efecto meramente esteticista sin pretensión alguna de profundizar en la génesis del superhéroe, y en la obra de Burton la infancia traumática de Bruce Wayne era un tema casi tangencial en cuanto a su orden narrativo.

La Imagen que abre el film, una bandada de murciélagos que proyectan – sobre un fondo de crepúsculo sombreado – el símbolo y el tótem del personaje, referido a un temor de la infancia que al ser dominado y aprehendido permite conocer el modo de combatir el mal y la injusticia, y así Cristopher Nolan construye una explicación del origen en la que las sombras – ese sombreado inicial, los recovecos oscuros, la tiniebla de Gotham sometida por el humo alucinógeno – son el elemento del estrato visual que articula la psicología del personaje central con el espacio en el que libra su batalla. No hay que perder de vista, pues, esa pretensión de articular todos los elementos de tal modo que la ciudad de Gotham sea un reflejo del propio Batman, de su lucha interior desde que en su infancia descubrió el miedo vinculado a las sombras (la cueva oscura) y la maldad de aquellos que violan la ley. Incluso esa cofradía de salvadores comandada por Ra’s Al Ghul que inicia a Wayne en los caminos del guerrero espiritual supone la idea de destrucción que finalmente divide la lucha en esos dos polos: Batman contra Ra’s Al Ghul, el héroe enfrentado a su maestro como afirmación de su responsabilidad moral sobre el odio elitista de un grupo de fanáticos. Y, de paso, honrar el linaje familiar.


Nolan propone una compleja construcción de calado psicológico y simbólico, y por ello hablamos de la película de superhéroes más ambiciosa realizada hasta el momento, a la espera de The Dark Knight. El personaje de Bruce Wayne es complejo porque se compone de facetas diversas, pero la complejidad no siempre nos lleva a un resultado profundo. Mucho se ha hablado sobre la supuesta "profundidad" de esta película, porque pone el énfasis en torno a la humanidad del personaje, haciéndolo más creíble. Esa expresión de la humanidad del personaje se articula correctamente a lo largo del desarrollo, y es lo que le otorga la claridad y la coherencia propia de un producto sólido respecto a su objetivo fundamental.

Pero la profundidad requiere de algo más que un esquema correctamente desarrollado en el guión y de una magnífica labor de montaje que conexiona la infancia, el presente, el dilema moral, el reto de ser Batman frente al irresponsable social que se esconde tras la primera máscara de Bruce Wayne. El siempre sobrevalorado Christopher Nolan apuesta por una visualización rutinaria, y es precisamente la puesta en escena el factor que, en cine, puede conferir una mirada profunda a lo narrado. A nivel visual cabe destacar el perfecto uso de la fotografía y el diseño de producción, el tratamiento técnico y la plasticidad de la Imagen – junto con el montaje, como ya hemos indicado – son los factores que hacen de Batman Begins un producto entretenido y absorbente. Pero el lenguaje de Nolan tras la cámara no corresponde con toda esa pretendida profundidad. En pocas palabras, la película triunfa en la expresión del esquema superficial, pero no esta a la altura de todas sus pretensiones. Llama la atención el hecho de que la construcción del personaje central induzca una impresión unidimensional cuando, sobre el papel, es un personaje dotado de profundidad. Están todos los elementos expuestos en la narración, pero la mirada de Nolan es demasiado esquemática. Aquí radica la distancia (y la distinción) entre una construcción compleja y una construcción profunda en productos que aspiran a una densidad temática. Cabe señalar esto de forma más profana: no hay en toda la película ni un solo encuadre singular.


En la recta final tenemos el duelo entre Batman y Ra’s Al Ghul, carente de emoción y de peor ejecución visual. Esos planos cortos y movimientos de la cámara proclives al mero efectismo, olvidando la construcción dramática que merecía una resolución más acorde con el arrollador comienzo.

La enorme ambición de Nolan resultó en una interesante aventura psicológica y visual, pero deja un extenso recorrido conceptual al cual no alcanza.
publicado por José A. Peig el 1 agosto, 2008

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