Otra obra minimalista que pretende hablarnos de un marginado social. Lenguaje parco y escasa definición de personajes en un tratado sobre la soledad que se queda corto a nivel emocional. Buena interpretación de Pat Shortt y poco más.

★★☆☆☆ Mediocre

Garage

Insiste la estrategia de la distribución en meternos con calzador la supuesta calidad de ciertos títulos a rebufo de anteriores éxitos, aunque no siempre se corresponda con la realidad. GARAGE se publicita como la nueva muestra de cine irlandés, estéticamente arrinconada en lo indie, de narrativa fluida y sin grandilocuencias. Hasta ahí, nada que objetar. El despropósito surge cuando se relaciona con ONCE (John Carney, 2007), pequeña joya que dejaba en pañales los plastificados intentos de resucitar el musical, una maravilla repleta de oxígeno que dignificaba el arte de la sugerencia, de transparente puesta en escena y arrebatado lirismo en su sencillez. Una estela bajo la que no puede adscribirse lo nuevo de Lenny Abrahamson (ADAM & PAUL, 2004) pese a ubicar su anécdota en el terreno de lo costumbrista -ahora varado en un entorno más rural, lejos del populoso Dublín- y contar con el apoyo de un protagonista en semejante condición marginal. La comparación, más que resaltar las virtudes de esta discreta historia, pone en evidencia sus limitaciones como posible garfio con que desgajar la emoción del respetable, algo que la de Carney lograba con una aplastante falta de pretensiones.

Quizá el subrayado naif del relato, ese calculado tono de aparente ingenuidad de sus imágenes se vuelva en contra de un título hecho desde y para la minoría. La historia del bonachón y leal Josie -matizada contención la de Pat Shortt- toma cuerpo mediante un lenguaje en exceso minimalista, una apología de la parquedad formal con la que se pretende abarcar algún tipo de reflexión acerca de la soledad, cierta mirada tierna sobre un freak aceptado por su entorno, la pequeña comunidad que mantiene distancias con él, su postura condescendiente, puntualmente su desprecio. En este sentido denota escaso despliegue de originalidad en el estudio humano que propone, ceñido a la autonomía del desahuciado frente a una colectividad en la que no termina de encajar. Hereda este material dramático las líneas de un clásico como MARTY (Delbert Mann, 1955), con Ernest Borgnine incorporando al entrañable personaje no sin cierto chorro de sentimentalismo bastante apreciado en la época. Más cercano está el parentesco con FORREST GUMP (Robert Zemeckis, 1994), que también colaba el prisma edulcorado en la hagiografía del individuo peculiar que reafirma su extravagante forma de estar en el mundo, su inocencia frente al recelo o la condena de quienes le rodean.

Por encima de posibles influencias, Abrahamson se estanca en la referida brevedad del trazo, en la fábula ligera y humilde -no cabe duda-, pero a todas luces insuficiente. Puede calificarse GARAGE como tragicomedia con ocasionales apuntes melancólicos, un punto compasivos, aunque que no logra adentrarse ni en el terreno dramático ni en la fina ironía a la que el guión parecía querer aferrarse. En ese páramo indefinido es donde se encadenan las secuencias de forma casi teatral, alargando planos a la búsqueda de una densidad psicológica lastrada por un texto que reclama un sentido menos estricto de la economía. Al final el laconismo de su escritura impide que el dibujo trascienda lo anecdótico, el retrato amable y algo descafeinado de un encantador marginado con el que pocas veces logramos sentirnos identificados. Lo peor es que todo huele a puro diseño de la naturalidad, la sumisión a las nuevas modas que intentan representar la vida sin artificios, cercana y tangible, con sus luces y sus sombras, foco de grandezas y miserias, de disfunciones y noblezas que no siempre encuentran los mejores modos de expresión. Propósitos tan dignos no siempre consiguen enamorar.
Lo mejor: El registro de Pat Shortt, su escasa duración
Lo peor: Su apuesta en exceso minimalista reduce la posibilidad de una mínima emoción.
publicado por Tomás Diaz el 26 julio, 2008

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