Es su sentido del humor a la hora de abordar ese conjunto de relaciones insanas, en definitiva, lo que le otorga una dimensionalidad humana que a duras penas revitaliza la esquemática exposición de estereotipos.

★★☆☆☆ Mediocre

La Torre de Suso

Como todo el mundo, Suso muere y deja un rastro tras de si que es revivido en forma de recuerdos y de amistad que nunca llega a ser valorada hasta haber aplicado una determinada perspectiva, que en la película del debutante Tom Fernández nos lleva al melodrama impregnado de radiografía social, en el que los gestos y las alusiones a un tiempo pasado tienen el inofensivo significado del retorno y la redención en un simple despliegue de los estereotipos que han definido el cine patrio español que pretendidamente es una fiel imagen de la sociedad. La amistad vivida en una borrachera o en el lavado de conciencia por parte de un grupo de caracteres patéticos que, conforme llegamos a la resolución, encuentran su dignidad en el hecho de recuperar lo más esencial. Cine patrio y miserias cotidianas, con lo cual queda abierto el debate sobre si esta insistente representación de unos mismos tópicos responde a las necesidades de la producción, a la inquietud de nuestros cineastas, o a las del público o a una visión acomodaticia en beneficio de una determinada proyección (propaganda) de cómo definir la "normalidad" en nuestros entornos sociales: "currantismo", borracheras, relaciones amorosas sometidas a la circunstancia pueril en vez de sostenerse en unos principios espirituales…

La metáfora de la torre es más una excusa argumental que un elemento figurativo que en verdad canalice el desarrollo emocional de los personajes, más sometidos a la construcción mecánica del relato que camina inexorable hacia una conclusión evidente y cargada de buenos sentimientos, si bien es cierto que la construcción de la torre es la acción que mantiene a Cundo (Javier Cámara) vinculado con ese tiempo pasado que hay que enderezar. Aunque, tal y como queda estructurado el relato, resulta difícil apreciar una correspondencia con la construcción interior de los personajes.

La Imagen de Cundo y sus amigos contemplando la belleza estética del paisaje que se ve desde lo alto de la torre contrasta con la fealdad, la confusión y la rudeza que guía todos los actos sociales. ¿Era ese el último ideal de Suso?. La sensación de belleza estética induce la reconciliación y un vago intento de empezar a vivir de otra manera. Encontrar esa conexión entre la sensación estética y la evolución moral de los personajes sería la mejor forma de valorar la película, y es lo que motiva el debate.


Es su sentido del humor a la hora de abordar ese conjunto de relaciones insanas, en definitiva, lo que le otorga una dimensionalidad humana que a duras penas revitaliza la esquemática exposición de estereotipos.
publicado por José A. Peig el 26 julio, 2008

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