Superagente 86

A día de hoy, Steve Carell es uno de los mejores cómicos del panorama internacional. En una extraña mezcla entre el "Mr. Bean" creado por Rowan Atkinson y cualquiera de las delirantes composiciones de Jim Carrey, este hombre es capaz de hacernos reír con uno de sus millones de gestos, pero también con una de sus lánguidas miradas. Verle en cualquiera de sus películas -recomiendo "Sigo como Dios", "Virgen a los 40" o "Pequeña Miss Sunshine"- o en la famosa serie de televisión "The Office" -la versión norteamericana de la genial serie británica-, sin olvidar sus shows televisivos del "Saturday Night Live" certifica su capacidad para la comedia y su gran repertorio de recursos. Además es un tipo que cae bien, no es el clásico comediante egocéntrico que se cree alguien; es como el vecino de la esquina, que reacciona ante una circunstancia inusual como podríamos hacerlo cualquiera de nosotros.
Precisamente por eso Carell era el actor perfecto para tomar el testigo de Don Adams a la hora de dar vida al agente secreto más torpe, tarugo y a la vez voluntarioso, desde Mortadelo y Filemón: en el film, Maxwell Smart consigue dejar su aburrido sillón de analista y se convierte en un agente secreto de CONTROL, una organización secreta que intenta proteger al mundo de la peligrosa CAOS, otra organización pero esta vez terrorista. Y todo ello acompañado por la bella agente 99… Con un guión absolutamente simple y esquemático, su falta de pretensiones se concretan en unas secuencias bien hilvanadas y con mucha, mucha gracia. No en vano los autores de la serie de televisión original de los sesenta, Mel Brooks y Buck Henry han sido supervisores del guión y todos sus chistes. Hay que tener claro qué producto vamos a ver y qué podemos encontrar: si alguien va buscando alta comedia, con calado y profundidad psicológica, se ha equivocado -y también se equivoca si juzga mal este film con estos cánones, ya que la serie de televisión original (de la que yo era fanático, ay, los años…) tenía la misma vocación ligera que el film (y no es más que una cuchufleta a James Bond)-.
El gran acierto de esta película llana, simple y tremendamente divertida (memorables son las secuencias con la navaja multiusos en los servicios del avión, y la de la sala atestada de lásers que Max tiene que esquivar…) ha sido no creérselo y sencillamente, intentar que el espectador se ría. Segal, habituado a dirigir comedietas de gran presupuesto y poca enjundia, ahora consigue algunos destellos originales y simpáticos, mejorando notablemente su pulso narrativo. Absolutamente recomendado para divertirse sin complejos en las salas del verano 2008; Maxwell Smart no pasará a la historia como 007, pero si lo hará como Mortadelo.
Lo mejor: Steve Carell, para morirse de risa. La honradez a la hora de hacer una comedia liviana, sin muchas complicaciones, únicamente como un divertimento intrascendente ¿por qué no?
Lo peor: Un pequeño bache de ritmo hacia la segunda mitad.
publicado por Federico Casado Reina el 26 julio, 2008

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