Una vuelta de tuerca más a la representación nervuda e hiperrealista de la violencia, y se reconoce la estimable versatilidad a la hora de conjugar el efecto puramente emocional con la exposición narrativa de un proceso hacia la deshumanización en un

★★★☆☆ Buena

Tropa de elite

Otra eclosión de cine documental-narrativo, y en la que el realizador José Padilha explora los subterráneos de la sociedad brasileña mediante un proceso de transformación que concluye con la violencia como recurso ineludible. En el último balazo se confirma la regla de la ocultación, del fracaso en la búsqueda de un orden basado en la razón o en cualquier idea de paz social. En la incivilización de las favelas, el personaje conocido como Matías es el vehículo idóneo que articula esa dialéctica subyacente que contrapone la profesionalización de la brutalidad encarnada en el capitán del BOPE frente a la inocencia inicial de aquel.

No obstante, la película es ante todo una vuelta de tuerca más a la representación nervuda e hiperrealista de la violencia, y se reconoce la estimable versatilidad a la hora de conjugar el efecto puramente emocional con la exposición narrativa de un proceso hacia la deshumanización en una sociedad que de antemano ya ha perdido las reglas que la pudieran humanizar. Hiriente crítica social, pero también obvia y sin capacidad de ir más allá de unos lugares comunes.

Si la corrupción es el tema central que sostiene toda la exposición, resulta interesante ver cómo el relato incluye en ese círculo vicioso a las fuerzas del orden, a los miserables, a los drogodependientes, a los que trafican y a los jóvenes de la clase media acomodada en su hipocresía. En conjunto, se percibe una secuencia única que expresa ese declive y esa pulsión violenta en todos los estratos. El balazo, realmente, lo recibe el espectador sobre su conciencia.

Y en un plano puramente narrativo, la voz en off que nos vincula con el capitán Nascimento se convierte en un lastre durante la mayor parte del metraje, evidenciando los minutos que le sobran, puesto que deviene en un recurso en exceso explicativo, sobre todo por lo esquemático y reiterativo que resulta, subrayando una y otra vez la misma idea y, en consecuencia, pierde fluidez en el desarrollo.

En suma, correcta exposición visual de una problemática determinada, de estructura atractiva en potencia tanto como excesiva y, al fin y al cabo, un tanto superficial.
publicado por José A. Peig el 23 julio, 2008

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