Una radiografía tragicómica cuya fascinación compensa en parte la inanidad del discurso.

★★☆☆☆ Mediocre

Escondidos en Brujas

El rasgo más interesante y el único que en verdad conforma una estimable efectividad del producto es la supuesta sincronía lograda entre los personajes y ese escenario modélico representado en la ciudad de Brujas, de tal modo que con frecuencia la arquitectura y las iconografías que van siendo sometidas a la dolorida mirada de los protagonistas se articulan en un continuum dramático que viene a ser la microcinematográfica expresión del purgatorio, previo paso hacia la derrota y el infierno en la conclusión, y en donde Brujas es la ciudad que acoge las almas de los tres matones subyugados por los remordimientos de conciencia. Una radiografía tragicómica cuya fascinación compensa en parte la inanidad del discurso.


Lo cierto es que la caracterización de los personajes, el histrionismo, el humor absurdo, la ironía y la malicia como contrapartes de un afecto personal y un código moral que no elude la camaradería y el sentido del honor, la extrañeza que provocan muchas secuencias por la soltura con la que los guionistas y el realizador plantean cada situación en secuencias de imprevisible resolución, todo ello consigue mantener el interés, pero sus atractivos radican más en la extravagancia de los pequeños momentos que en la claridad del conjunto, la cual brilla por su ausencia. Algo que viene siendo habitual en estas caracterologías tan sui generis; anteponer la inventiva en cada pieza en detrimento de una articulación sólida cuando estamos ante una película arriesgada y que juega a combinar diferentes tonalidades, géneros y subgéneros, con cambios de ritmo tan llamativos como la secuencia en la que Colin Farrell huye perseguido por Ralph Fiennes tras la muerte del amigo que hasta entonces era el único testigo y valedor del sentimiento de culpa que lo atrapa. La banda sonora sufre también un cambio brusco en dicha secuencia, y literalmente entramos en otra película, en otro registro cinematográfico.


Así pues, aunque la película funciona en el plano del vértigo humorístico y emocional que emerge de la llamativa construción del triángulo protagonista, la mixtura que propone – en tan ardua tarea de intentar cohesionar con claridad la expresión, los rasgos, la caracterología, con el significado global – termina siendo confusa. Algunos diálogos responden a una lógica puramente caprichosa de sus redactores, y vemos a menudo la tosquedad en el cambio de un registro pretendidamente dramático, incluyendo ínfulas existencialistas, humor no carente de ingenio para luego ser chusco y vulgar, con notas que no vienen a cuento de la acción o que sencillamente eran prescindibles. Lo que se dice subrayar (exagerar) la extravagancia de las piezas para disimular sus carencias en la expresión de conjunto.
publicado por José A. Peig el 21 julio, 2008

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