Uno de los miles de intentos de la industria por vender un film romántico, nostálgico e incluso emotivo como una comedia tontorrona que se dedica a buscar entre tres bellezas la madre de la niña de Pequeña Miss Sunshine.
Esta película es un decente intento de hacer una comedia romántica con personajes no imbéciles, sino con cierto encanto, manías, las típicas tonterías de la inmadurez y demás virtudes que nos llevan a hacer dolorosos o agradables descubrimientos.
A pesar de que la película tiene al sosainas de Ryan Reynolds a la cabeza, es un personaje cuyo actor caracteriza bien. El trasfondo político del film sirve de apoyo a un mensaje tan claro y rotundo como el que vivimos todos los días: todo tiene sus altibajos y aunque creas que estás bien puede venir un buen bache por delante.
Tanto Banks como Fisher y Weisz completan un bello trío de ases en el que todas están perfectas. Increíbles para un mendrugo como el protagonista, pero perfectas en su papel. Todas ellas representan fases de nuestra ahora larga juventud e independencia, partiendo de prematuros planes de boda hasta los inconsistentes amores jóvenes.
Una película que no es la que venden en los trailers, que se ve con agrado y que no tiene a subnormales por protagonistas. ¿Qué más se puede pedir?
