Samuel L.Jackson interpreta a un expolicía que dejó el cuerpo para dedicarse a la limpieza, no a la limpieza normal, a aquella desagradable que dejan los cuerpos esparcidos por un apacible salón tras una violenta pelea o eliminar ese olor raro que tenía el rellano del quinto antes de que apareciera la policía y sacase a la simpática ancianita solterona con sus diez gatos que tiene un empacho de carne humana. Si, es fría, ordenada y calculada. Hace presagiar una gran cinta pero al poco tiempo acaba quedándose solamente en correcta gracias a cuatro frases bien colocadas por algún guionista que descubrió en su tierna infancia que ser fiel a los principios es más importante que dar un buen espectáculo en la pantalla. Y es que la moralina de salvar el mundo está muy vista y cuando observas que el curtido ex agente decide que todo es tan sospechoso como para guardar las pruebas de una de sus limpiezas y ocultarlo a su amigo investigando con la posible y poco desconsolada viuda acabas uniendo los cabos de forma demasiado sencilla.
No hay que restar mérito, sin embargo, a este thriller de intriga que mantiene los cánones del género con férrea y recia disciplina aunque finalmente falle al no arrojar un poco más de valentía. Con un pulso medido, unos actores siempre en su sitio y pasando por alto la moralina de un personaje que prometía más de lo que da Cleaner es un buen entretenimiento sin muchos fuegos de artificio y que peca de no arriesgarse más en el humor negro.
Lo mejor: Sus primeros quince minutos.
Lo peor: Escuchar aún en la pantalla frases como No dejaré que eso ocurra de nuevo o patochadas americanas semejantes.
