Nos situamos en un Johannesburgo con evidentes paralelismos con el de los tiempos del apartheid. Una nave extraterrestre llegó con sus extraños habitantes, no muy bienvenidos por los humanos residentes en la ciudad. La situación les lleva a quedarse en un gueto en el que subsisten como buenamente pueden, con las típicas bandas callejeras que dominan la zona, tráfico de armas y demás tipos de delincuencia. Desde esta situación de partida, y en forma de medio-documental ficticio, se va contando la historia de Wikus Van De Merwe, un personaje atípico: no es el prototipo de héroe al que se le encomendaría la misión de desalojar el Distrito 9, no es el más listo ni el más fuerte ni el más carismático. Por eso nos gusta.

A partir de esta premisa, Distrito 9 se mueve por los parámetros de la ciencia-ficción y la ac
ción para desarrollar lo que en un principio había sido un corto y terminar colándose entre las candidatas al Oscar a la Mejor Película y al Mejor Guión Adaptado, entre otros.

Distrito 9 nos trae una historia interesante, que engancha, y que mantiene la atención del espectador, que va en aumento hasta algo más de la mitad de la cinta. Hacia el final, el interés empieza a bajar un poco por el exceso de tiros, explosiones y acción, pero ya han conseguido lo que pretendían: mantenernos en vilo para descubrir cómo termina todo.

Y todo ello envuelto en una fábula sobre la exclusión social, sobre el racismo y cómo tendemos a mantener aparte al diferente sin más motivos que ser diferentes. Interesante película, interesantes reflexiones y bien rodada. Una grata sorpresa.

Lo mejor: El manejo con soltura de la ciencia-ficción y la capacidad de mantener el interés del espectador
Lo peor: La última media hora, demasiada acción
publicado por Natalia Marcos el 4 marzo, 2010

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