La película, y la franquicia, pretenden hablar de la diversidad cultural, los conflictos sociales, la unión entre personas distintas, y el valor de la amistad, pero coloca este mensaje en manos de cuatro chicas superficiales y caprichosas.

★★☆☆☆ Mediocre

Bratz

Bratz es otro desprendimiento más de una franquicia exitosa, en este caso, de una serie de muñecas. La película nos muestra la historia del grupo de amigas adolescentes (las muñecas en cuestión), de distintos orígenes e intereses, y, al parecer, unidas por las ganas de ir de compras, el gusto por la moda, y por ese lugar común del “amigas para toda la vida”. Las amigas en cuestión, se unen a distintos grupos en la escuela, se separan por dos años, y por esas argucias de guión, un incidente las obliga a discutir hasta volver a unirse, y mostrarse unidas y fuertes para enfrentar a la chica popular de la escuela, e hija del director. La película, y la franquicia, pretenden hablar de la diversidad cultural, los conflictos sociales (padres divorciados, tenencia compartida, etc.), la unión entre personas distintas, y el valor de la amistad, pero coloca este mensaje en manos de cuatro chicas que son tan superficiales y caprichosas como la malvada de la película. Esto se evidencia notoriamente a lo largo de toda la película y ayudado por los distintos acontecimientos fortuitos y maniqueos, que no permiten que la trama evolucione por sí sola. Por el contrario, todo parece suceder caprichosamente y sin naturalidad posible, para que suceda lo que tiene que suceder.

La dirección no colabora, o al menos acompaña la torpeza del guión, con una torpeza aun mayor en las intrusiones musicales. Y Jon Voight aparece interpretando al director de la escuela, pisoteado por su consentida hija, en el que quizás sea su papel más ridículo a la fecha (convengamos que, de todos modos, sus últimas apariciones en pantalla grande no han sido grandes aciertos que digamos). En resumen, Bratz no deja de ser lo que es, un entretenimiento exclusivo para niñas, ni siquiera para chicas adolescentes (o al menos, eso es lo que uno desearía creer), y tanto discurso volcado al esfuerzo permanente para alcanzar la popularidad deseada, y por estar vestidas a la moda, resulta, lisa y llanamente, un mensaje idéntico al de programas como “Sweet sixteen”, y demás basura para adolescentes de MTV, es decir, el triunfo consiste en brillar y ser superficial. Adultos, abstenerse.

publicado por Leo A.Senderovsky el 5 julio, 2008

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