El guión es uno de los más inteligentes y originales con los que me he podido topar en lo que llevamos de año, y tiende hacia una clase de historia de la que el cine actual está muy necesitado.
Dirigida por Michael Dowse en forma de mitad falso documental (aún y basada en hechos reales) y mitad biopic, esta interesante cinta nos cuenta la historia de un célebre DJ llamado Frankie Wilde, cuya vida se basa en pinchar -y triunfar- en las noches de Ibiza, drogarse, emborracharse, hacer el amor a su infiel esposa y producir más y más música.
Todo iría la mar de bien (e insoportable para la audiencia) si no fuera porque al chaval le diagnostican una sordera considerable que puede poner en peligro su forma de vida tal y como la conoce.
Como he dicho, si la película hubiera seguido hasta el final por los derroteros de su primera mitad, sería un espectáculo de sexo, drogas, alcohol y mucha música chunda-chunda insoportable para gran parte de la platea. Afortunadamente el guión es uno de los más inteligentes y originales con los que me he podido topar en lo que llevamos de año, y tiende hacia una clase de historia de la que el cine actual está muy necesitado. Pequeñas historias como ésta o Onceson por las que vale la pena seguir pagando la entrada.
Es una lástima que la dirección no sea nada del otro mundo, pero cumple con creces y el resultado final del conjunto es de notable.
Destacar por encima de casi todo el trabajo de Paul Kaye, que está estupendo y deslumbrante interpretando al DJ pasado de vueltas en casi todo que es Frankie Wilde.
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