Catacombs es un producto Mtv en su sentido más peyorativo: cámara mareante, montaje videoclipero, minutos y minutos de oscuridad total a la luz de una errante linterna, música estruendosa de ritmos industriales y un vacío absoluto en su interior.

★☆☆☆☆ Pésima

Catacombs

Dirigida por Tom Coker y David Elliot, y producida por Lionsgate y Twisted Pictures, la productora de la saga Saw, Catacombs ha sido protagonizada por Shannyn Sossamon, Cabral Ibaka, Cain Manoli, Radu Andrei Micu, Mihai Ogasanu, Tall Parisian y la cantante Pink.

La película, rodada casi íntegramente en Rumanía a excepción de sus planos exteriores, cuenta la historia de una joven turista norteamericana que viaja a París para reunirse con su hermana. Invitada a una fiesta clandestina en las catacumbas de la Ciudad de la Luz, la joven se perderá por el complejo entramado de túneles, en el que hay depositados los huesos de más de siete millones de personas, siendo perseguida por los integrantes de una sociedad secreta satánica.

Catacombs se suma a la creciente oleada de películas enfocadas abiertamente el público más teenager centradas en la persecución de ciudadanos de pro por maníacos autóctonos. Como ya hemos ido repitiendo una y otra vez a medida que títulos como Hostel o Turistas han ido apareciendo en las carteleras, la Europa del Este, Brasil y, ya en un salto cualitativo, México (Borderland) o Australia (Wolf Creek), han sido algunos de los lugares escogidos por la industria para aterrorizar al personal. En esta ocasión le toca el turno a la Ciudad de la Luz, y parece ser que en breve llegará la hora de nuestro psychokiller autóctono en Donkey Punch, si bien mi intuición me dice que seguiré prefiriendo el entrañable spanish gothic de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos.

Bromas aparte (o no), Catacombs es un producto Mtv en su sentido más peyorativo: cámara mareante, montaje videoclipero, minutos y minutos de oscuridad total a la luz de una errante linterna, música estruendosa de ritmos industriales y un vacío absoluto en su interior. De hecho, resultan alarmantes las terribles carencias que deja entrever la película dirigida por Tom Coker y David Elliot, que han inflado un máximo de quince minutos factibles de historia hasta alcanzar la hora y media requerida; por si eso fuera poco, Catacombs contiene el típico desenlace marca de la casa Saw, o mejor dicho, Made in James Wan, en el que la verdad verdadera nos es revelada en una espiral de secuencias en las que todo termina por encajar.

Todo hay que decirlo, lo único rescatable de Catacombs resulta ser dicho desenlace, quizá más por empatía hacia los acontecimientos ocurridos que por verdaderos méritos, en una película tediosa, carente de una verdadera historia, que a la media hora ya no sabe qué rumbo tomar, optando por deambular (de un modo tanto metafórico como físico) sin sentido por unas catacumbas cuyo verdadero peligro parece radicar más en la propia histeria de su protagonista que en la secta satánica que presumiblemente la acosa.

Por contra, dicho terror autoinducido no se contempla ningún momento como el verdadero motor de la película, cosa que habría dotado a Catacombs de cierta dignidad, si no que se reduce a un mero recurso efectista ante la tremenda falta de contenido de una historia paupérrima; si a eso le sumamos unas interpretaciones nefastas y una muy (pero que muy) esporádica némesis, podéis haceros una idea de lo que os espera el visionado de Catacombs.

Al menos, en esta ocasión no se meten con la población autóctona. Todo un detalle.
publicado por Oscar Martínez el 2 julio, 2008

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