La falta de sencillez, su puesta televisiva, el exceso de diálogo, y la pesadísima carga de sensiblería, hacen que la historia y los personajes se vuelvan un conjunto de marionetas.

★★☆☆☆ Mediocre

Tocar el Cielo

A Carnevale le encanta filmar historias que puedan llevar algún eslogan como “Para reir y llorar… como la vida misma”, o alguna frase trillada como esa, o como la sinopsis. Y es que sus películas están llenas de buenas intenciones y de una catarata de momentos y de frases trilladas y sensibleras. Luego del suceso que significó Elsa y Fred, vuelve a trazar una nueva coproducción hispano-argentina, elemento característico del grueso de su cine, en este caso con actores españoles y argentinos unidos algo caprichosamente y mezclados entre Buenos Aires y Madrid. Dos o tres historias dentro de una misma familia, son las que se enlazan, por un lado, en Buenos Aires, la unión por conveniencia de Santiago y Amparo, para que esta pueda adoptar un hijo, por el otro, en Madrid, la historia de Pedro, idealista, que vive peleándose con Fidel, su hijo, y la de Gloria, que vive sus últimos días.

Nada se le puede discutir a Carnevale en cuanto a dirección actoral, ya que tanto el reparto completo, como los papeles en sí, están correctamente delineados, aunque la historia de Amparo queda relegada a un segundo plano, frente a dos papeles y dos actores tan contundentes como Chete Lera y Betiana Blum, cargando esta última con el personaje sobre el cual recae la enorme cantidad de golpes bajos que propina la película. Sin embargo, son las escenas con China Zorrilla las que más se disfrutan, al menos en términos de comedia, y por su enorme calidez interpretativa. Pero la falta de sencillez, que sí la tenía su anterior película, su puesta televisiva (cada vez menos, si se compara con las anteriores), el exceso de diálogo, o la falta de una puesta que logre articular este exceso, y la pesadísima carga de sensiblería, que por momentos pareciera querer arrancar a toda costa un llanto del público, hacen que la historia y los personajes se vuelvan un conjunto de marionetas llevadas arbitrariamente hacia el lado que el director las quiera llevar.

En el medio, un melodrama duro, con algunos apuntes insustanciales, buenos momentos de comedia, y un espíritu forzadamente esperanzador. Historias de vida, que le dicen.

publicado por Leo A.Senderovsky el 30 junio, 2008

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