Una propuesta interesante, ambiciosa, arriesgada, y con algunos elementos fallidos, que perjudican la puesta general.

★★★☆☆ Buena

La cáscara

La cáscara, producción uruguaya realizada con aportes españoles y argentinos, es, en principio, una película extraña. La ópera prima de Carlos Ameglio, director formado en el campo de la publicidad, trabaja precisamente con los entretelones de dicho ámbito, con un personaje desesperado por una idea original. Pedro es un joven creativo publicitario que se siente a la sombra de su colega Juan, y al fallecer este, se encuentra transitando los mismos pasos de su colega, desde ocupar su puesto de trabajo hasta mudarse al mismo edificio en el que vivía. Este desplazamiento se vuelve un movimiento entre compulsivo y alienado. Pedro va mutando hacia esa otra vida, intentando encontrar allí, aquello que necesita para la campaña del antigripal. Lo que encuentra finalmente, es lo que encuentra el espectador al acercarse a La cáscara, una idea prolija, concreta, lineal, que lentamente comienza a girar en espiral y a perderse en su propio extrañamiento.

La película navega entre muchas ideas, de las cuales la mejor resuelta es el trabajo con lo publicitario, no solo la publicidad (el vivir pendiente de una idea que represente una marca), como concepto sobre el cual se articula la trama, sino en cuanto a lo técnico, con una puesta de cámaras, por momentos excesiva y grandilocuente, y una fotografía que evidencian los orígenes publicitarios del director. Juan Manuel Alari, cara conocida en Argentina por algún que otro comercial, encarna correctamente su personaje, poniendo sus mejores caras de sorprendido y desconcertado durante toda la película. No corren la misma suerte algunos actores secundarios, que se encuentran fuera de tono. Entre las virtudes de la puesta, está el trabajo con el espacio donde sucede la acción. Montevideo es mostrado como un espacio raro, peculiar, por momentos un paraíso (desde los interiores), por momentos un infierno, con espacios indeterminados, como un campo de golf convertido al final en una suerte de suelo lunar, y personajes ambiguos, como el niño de la calle (Juanito, especie de representación infantil de su colega muerto) que se hace amigo de Pedro. La compleja música de Gustavo Casenave refuerza la idea de una trama que se adentra en zonas extrañas, oscuras, desconcertantes.

No corre la misma suerte el tono de comedia, que por momentos, solo aparece para quitarle solemnidad a la propuesta y aportarle cierta cuota de absurdo, el humor aquí carece por completo del timing esperado para una comedia normal, o para acercarse al menos al nivel de propuestas de corte frío, absurdo y cómico a la vez, como el cine de Rejtman, o las dos películas de los uruguayos Rebella y Stoll, 25 watts y Whisky. Sólo se salvan en este apartado, las escenas con el encargado, interpretado por Walter Reyno. La cáscara es en sí, una propuesta interesante, ambiciosa, arriesgada, y con algunos elementos fallidos, que perjudican la puesta general.

publicado por Leo A.Senderovsky el 30 junio, 2008

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.