Extraño intento de fabular sobre el poder de las casualidades, el influjo del destino y otras divagaciones. Un relato más discursivo que emocionante, con un buen reparto de carás jóvenes.

★★☆☆☆ Mediocre

3:19

Del montón de referencias que salpican esta extraña película brillan por peso propio las citas al genio Kundera y su obra más célebre, La Insoportable Levedad del Ser. El genio de Kundera nutría los vaivenes sentimentales de sus personajes con diáfanas reflexiones existenciales, apuntes políticos, perlas de filosofía vital que la encumbraron al podio de los clásicos. Una de ellas era la idea de la casualidad como fuerza motora de nuestros actos. Todo lo que sucede, según Kundera, es fruto de un cúmulo de casualidades sucesivas que dan forma a nuestros actos sin que podamos evitarlo, todo nace del más puro azar.

Pues resulta que esto es lo más interesante en el debut del mexicano Danny Saadia, 3:19, título minado de jóvenes rostros -Miguel Ángel Silvestre, Félix Gómez, Juan Díaz, Bárbara Goenaga- que dan cuerpo a una propuesta tan singular como desaprovechada. Buscando reflexionar sobre el poder del destino, la fuerza del azar, la suma de casualidades como causas de la felicidad, la película falla en algo básico para implicarnos, la definición de esas ideas. Opta el director por combinar ramalazos de comedia generacional, drama e incluso lecciones de historia animada mediante insertos de animación en 2D, un apoyo visual culpable de los baches de ritmo que hacen mella en el conjunto.

En esa tierra de nadie se mueve un guión que no trasciende lo pintoresco aún siendo rara avis en la cartelera -por no decir nuestro cine, que ya es mucho repetirme- y contar con el entusiasta reparto. Y no lo hace debido a su errática evolución dramática, sin duda dañada por esos bloques animados repletos de disquisiciones, cronología de datos más plúmbeos que fuidos. O quizá también por el remoto toque de lirismo, casi de fábula moderna y juvenil que no termina de asentarse como tal, y que nos que cambia de protagonista -Gómez- manteniendo al desaparecido -Silvestre- en el recuerdo, flotando como el espíritu que inspira al grupo. De todas formas no se le puede restar mérito al intento de fantasear con la realidad, de intuir nuevas formas expresivas, de pretender enamorarnos con la frescura de una historia sobre amistad y esperanza, sobre el amor, la autorrealización, sobre la lucha por la vida y la fé que cualquiera puede guardar, ahora como hicieron otros en pasadas épocas.

Es de temer que no pasa de un digno intento de originalidad, quizá caído por el lado de lo discursivo, de lo extravagante, de lo conceptual, y ya se sabe que eso está reñido casi siempre con la emoción. Algunos aciertos de dirección -los juegos con el punto de vista, sin ir más lejos-, pueden ser suficientes para no echar por tierra este rastreo de inéditos terrenos narrativos por abonar.
Lo mejor: Félix Gómez y Bárbara Goenaga
Lo peor: Los inseros animados no terminan de cuajar en el relato, el tono no logra definirse y el ritmo hace mella en el ritmo
publicado por Tomás Diaz el 30 junio, 2008

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