Efectismo barato y falta de coherencia estética.

★★☆☆☆ Mediocre

The invasion

Invasión, la nueva adaptación de la novela “The body snatchers”, es, cuanto menos, un enigma, un acertijo que ruega ser dilucidado. En principio podríamos aseverar que se trata de una película “mala”, a saber: mal dirigida, mal actuada, peor montada. Si consideramos las actuaciones, podríamos ser benévolos con Nicole Kidman (a pesar que cualquier primer plano denota horrorosamente la cantidad de cirugías a las que sometió a su otrora bello rostro), e incluso con Craig, a quien hemos visto en mejores papeles de reparto, como el de Munich, y ya está dicho, es un interesante Bond. En cuanto a la dirección y al montaje, desde el inicio mismo, ciertos momentos de absurdo efectismo (que no se observaban tanto en la aclamada La caída, porque para efectismo ya estaba el propio Hitler), y una incoherencia y desparpajo total a la hora de utilizar flashbacks y flash-forwards, la asemejan a una producción de clase B. Clase B de altísimo presupuesto, si es que así se pudiese considerar a Invasión. Ahora bien, sabemos que calificar al cine de clase B de desatado e incoherente, supone un error y una generalización bastante burda, y un prejuicio ridículo. Sin ir más lejos, la original Invasion of the body snatchers, era una obra maestra. Una obra impecable del terror de bajo presupuesto, una gran metáfora política, y un film aterrador sobre la paranoia, dirigido con soberbia coherencia por el maestro Don Siegel. No adjudiquemos entonces la impericia narrativa de esta nueva versión, a su codeo con el cine clase B. Démosle, como mucho, el beneficio de la duda. Y si hablamos de sus gravísimos problemas en la realización (estamos ante una de las peores direcciones en lo que va del año), y su pulso exageradamente frenético, hay que mencionar aquí lo que ya se ha resaltado en varias publicaciones.

El término que aparece al final: “A Oliver Hirschbiegel film”, es un eufemismo. Dicen por ahí que, no conformes los productores con el trabajo de Hirschbiegel, quedó la versión final en manos de los hermanos Wachowski (Matrix) y de James McTeigue (V de Venganza), lo que de alguna manera viene a explicar tanto efectismo barato y tanta falta de coherencia estética. Si es que finalmente le otorgamos el beneficio de la duda, sabemos que la duda en sí misma no es un valor ni una virtud. Es, quizás, la brecha que separa una buena película de una mala. De ahí la puntuación.

publicado por Leo A.Senderovsky el 28 junio, 2008

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