Un sólido drama con elementos de thriller, un consistente trabajo de Clooney, y brillantes actuaciones de Tom Wilkinson y Tilda Swinton.

★★★☆☆ Buena

Michael Clayton

Quienes admiramos a George Clooney, por lo menos desde Tres reyes, y gustamos mirar para atrás en la historia del cine norteamericano, solemos tomarlo como heredero de Cary Grant (por su carisma y presencia, no tanto por los papeles que interpreta actualmente). Sin embargo, por lo general suele ocurrir que, ante determinados ejemplos, uno modifica su mirada, o comienza a analizar desde otro ángulo, con otros referentes. Humphrey Bogart, aquel enorme ícono que pareciera haber quedado más inmortalizado que Grant con la sola existencia de Casablanca, parece resumir toda su carrera con dos papeles, el galán de fuerte presencia que encantaba a sus preciosas parejas, y el hombre que asistía a su propia crisis y derrumbe moral, el corrupto que se encontraba ante su propias miserias y cambiaba de rumbo, modificando su forma de ver las cosas, ambos papeles cargados de un enorme cinismo, habitual en la boca y el rostro de Bogart.

¿Por qué detenerse tanto allí? Clooney, acostumbrado ya a su propia corrección política, decidido a creer que los papeles de perfil político son la excusa perfecta para mostrar su madurez interpretativa (hace rato ha enterrado su papel de galán), en Michael Clayton saca su Bogart de adentro, se muestra como un témpano, un trabajador impiadoso, un ferviente burócrata de la ley, más burócrata que un abogado, que cambia su mirada cuando se topa con un viejo amigo, que de la nada, parece haber perdido la razón. No la ha perdido, y por el contrario, es quien más razón tiene, hecho que Clayton tarda bastante en darse cuenta, y cuando lo hace, ya es demasiado tarde. Algo de toda la película, desde su preciso guión (recordemos que Tony Gilroy, director debutante, ha escrito los guiones de la perfecta saga de Jason Bourne, y cuenta en su haber con el ácido guión de El abogado del diablo, el “Libro Negro” del mundo de los abogados neoyorquinos), hasta su correcta realización, y su contundente final, hacen recordar a aquel cine clásico sin tantas vueltas de tuerca y estridencias en vano, y con desenlaces sencillos y devastadores. La imagen final resume un tipo de cine, desde los dramas con Bogart hasta los western, con héroes solitarios a los que no les queda otra que irse, porque ya no pueden ser parte del mundo al que pertenecieron. Aquí no hay demonios, como en aquel éxito con Al Pacino. Peor aún, Michael Clayton nos viene a mostrar que son seres humanos los que se apegan a su trabajo, al punto de no poder discernir lo limpio de lo sucio, de no poder discriminar los valores personales, frente a los intereses de un grupo económico. Tiene sus defectos, posee más fuerza y energía que Syriana, pero no llega al nivel altamente superior de la dirigida por el propio Clooney, Buenas noches buena suerte. Sin embargo es un sólido drama con elementos de thriller, un consistente trabajo de Clooney, y brillantes actuaciones de Tom Wilkinson y Tilda Swinton.

publicado por Leo A.Senderovsky el 27 junio, 2008

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