No juega a favor la crudeza pornográfica de muchas escenas, en particular las escenas de sexo de Loïc, sumado a las ventanas que narran estos momentos.

★★★☆☆ Buena

Garçon stupide

Lionel Baier, el director, busca al personaje, lo interroga, lo indaga, le pregunta, desde el off, por su vida. Loïc, acostumbrado a su rutina de trabajo en la fábrica de chocolate, al sexo espontáneo con hombres anónimos, y a una relación poco clara con una supuesta “amiga”, no entiende por qué alguien quiere saber tanto de él. Prefiere no hacerse ciertas preguntas. La idea de un joven en plena construcción de su identidad (en todo sentido, incluso en lo sexual) es algo que, más allá del monólogo final del personaje, se termina de dilucidar en la última escena, con el director buscando la mirada del personaje, y con ambos en un parque de diversiones, encontrándose y reconociéndose mutuamente.

Hasta ese momento uno imagina que el tal Lionel que pregunta e incomoda al joven debía ser el director, pero aún no quedaba claro. Quizás en cuanto a la exposición del tema principal de la película, no juega a favor la crudeza pornográfica de muchas escenas, en particular las escenas de sexo de Loïc, sumado a las ventanas que narran estos momentos. Hay algo allí que, por arriesgado y provocador, termina por imprimir mucho más que el verdadero sentido de la trama, lo cual perjudica seriamente a la película. Uno prefiere quedarse con el final, con ese encuentro de miradas entre director y actor, cuando el personaje ya se ha vuelto transparente, incluso para sí mismo, y comienza a encontrarle sentido a su vida, más allá del monólogo en sí, que por explícito, vuelve banal un momento esencial en la vida de todos, el de preguntarnos quiénes somos, y qué queremos ser.

publicado por Leo A.Senderovsky el 27 junio, 2008

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