El guión no deja de abordar ninguna de las posiciones colaterales al conflicto bélico, y con ello construye un panfleto progresista, pacifista y, esencialmente, demócrata.

★★★☆☆ Buena

Leones por Corderos

Hagamos un poco de historia. En 2002, Michael Moore ganaba el Oscar por su documental Bowling for Columbine. En esa oportunidad, se despachaba con un polémico discurso antibelicista y anti-Bush. Un año más tarde, en respuesta a Fahrenheit 9/11, los mismos que le entregaron el Oscar lo ridiculizaban en una poco inocente animación. Hollywood se expresaba, más allá de las voces de Tim Robbins, Susan Sarandon, Sean Penn y otros actores de discurso pacifista, a favor del accionar bélico de Bush. 2007 ha sido un año atípico. En medio de tanta película de corte fantástico y de tanto “horror movie” (si se repasa la historia del cine, se observa con claridad que los momentos en que la industria promueve un cine alejado de la realidad y cercano a sentimientos primarios como el temor, es en respuesta a una realidad que “no debe ser vista”, el público elige darle vuelta la cara a una realidad difícil, sumergiéndose en este tipo de películas, a veces mero escapismo, otras con cierto tono alegórico), se ha levantado un frente claramente opositor. Este frente puede surgir en los márgenes de la industria, como Un corazón invencible (Winterbottom es un cineasta británico que, cuando trabaja en Norteamérica, dirige películas independientes) o Redacted (De Palma es el símbolo del director estadounidense autoexiliado, prácticamente expulsado de su país, de su industria). O bien puede surgir del corazón mismo de Hollywood, caso del cual Leones por corderos es, hasta ahora, el exponente más claro. Estrellas de la talla de Robert Redford, Meryl Streep y Tom Cruise se han reunido en una película netamente programática. Leones por corderos es más una clase de historia contemporánea que una película con valores estéticos genuinos. Parte de dos puntos de vista poco convencionales, para construir un discurso unívoco y que deja poco para pensar o debatir. El clima es devastador, el accionar bélico no se detiene, y el título alude a los “leones dirigidos por corderos”, es decir, a los soldados que responden a las órdenes de políticos cómodamente sentados en sus escritorios. En medio de esto, una periodista se plantea el papel de la prensa (¿debe o no debe informar? ¿Divulgar la noticia es responder a los intereses del gobierno? ¿Qué papel ha jugado frente a la guerra?) mientras discute con un soberbio senador (soberbiamente interpretado por Cruise), y un profesor le enseña a un joven el valor de comprometerse con sus ideas, mientras dos de sus alumnos en el frente de batalla, son víctimas de su propio compromiso. El guión no deja de abordar ninguna de las posiciones colaterales al conflicto bélico, y con ello construye un panfleto progresista, pacifista y, esencialmente, demócrata. Por supuesto, uno comulga con estas ideas, qué duda cabe que es el discurso más razonable y genuino frente al siniestro accionar del republicano Bush.

Sin embargo, tiene el defecto de no generar un mínimo de ambigüedad en su discurso, necesario para poder ponerse a pensar en lo que hemos visto. Y si se lo compara con otros films dirigidos por Redford, desde Gente corriente, su primera película (recordemos que Redford, estrella de Hollywood, ha inventado con Sundance la industria del cine independiente), pocos son los momentos estéticamente interesantes aquí. Leones por corderos empieza mostrando estadísticas, y se queda allí, entre la información y el discurso (mérito del guionista, sus excesivos diálogos están escritos con maestría y no cansan en ningún momento), y a la hora de mostrar la guerra, resuelve las escenas bélicas con planos cortos y temblequeo constante de cámara, para generar confusión y que no se note el poco presupuesto. Pensemos en Iluminados por el fuego, a la que se le achacó este mismo defecto. Si aquella película argentina evidenciaba este problema, que esto mismo se observe en una película norteamericana de “primer rango”, es algo cuanto menos inconveniente. Redford se arriesga a erigir un discurso opositor genuino, honesto y sincero, pese a que ello no la convierte en una película con todo el potencial ideológico que el tema amerita.

publicado por Leo A.Senderovsky el 25 junio, 2008

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