La trama no termina de decidir qué camino tomar. Y la indecisión, y la multiplicidad de subtramas que se abren, no hacen más que agregar confusión a lo que se quiere contar.

★★☆☆☆ Mediocre

Mr Brooks

Uno comienza a ver Mr. Brooks y se le aparece la imagen de John Lithgow en Demente (Raising Cain), aquel film absurdo y excesivo que, precisamente por ello, fue de los más criticados en la filmografía de Brian De Palma. Lithgow teñía con su rostro el tono general de la película y borraba de un plumazo todo atisbo de verosimilitud y seriedad en su narración. Mr. Brooks se relaciona con Marshall (William Hurt, por lejos, el mejor del elenco), aquel que, desde las sombras de su propia conciencia, lo incita a hundirse en su adicción a los crímenes, de forma tan desbordada como lo hacía Lithgow con su lado oscuro. La diferencia es que Mr. Brooks, la película, pretende ser un thriller serio, y los confusos y ambiguos reveses de la trama, atentan permanentemente contra esta idea. Cuando uno termina de ver esta película, correctamente protagonizada por Kevin Costner, no termina de saber con qué se ha encontrado. En principio, con una historia con momentos y situaciones que exceden la lógica del cine de suspenso, a la vez que estas mismas situaciones terminan sin ir un paso más allá, y se vuelven presas de su propia forma.

No sabemos si estamos ante las fantasías del señor Brooks, o ante los hechos que le sirven a la detective Tracy Atwood (personaje que hubiera estado completamente de más, si no estuviese incluso mejor construido que el propio Brooks) para buscar al asesino de las huellas. En realidad estamos ante ambos, pero la trama no termina de decidir qué camino tomar. Y la indecisión, y la multiplicidad de subtramas que se abren, no hacen más que agregar confusión a lo que se quiere contar. Imaginemos, si este film lo hubiese dirigido David Lynch, habría tenido mucha más lógica, una lógica anárquica, propia de las películas lyncheanas, pero lógica al fin. Lo cierto es que no la dirige Lynch, ni De Palma, y queda como un subproducto que no es una cosa ni la otra, y si se hubiera animado a transitar un camino, el de la lógica detectivesca o el de las fantasías del protagonista, pero solo uno de ellos de principio a fin, estaríamos ante una película completamente distinta.

publicado por Leo A.Senderovsky el 25 junio, 2008

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