Los gags están y funcionan, pero la suma de los elementos genera una comedia mucho más sencilla y menos desbordada que el resto de su tipo.

★★★☆☆ Buena

Escuela de pringaos

El tópico principal, el de “joven perdedor”, vuelve a hacerse presente en esta comedia protagonizada por Jon Heder, cuyo rostro encaja a la perfección con estas características, y una breve participación de Dan Fogler (protagonista de la ya mencionada y comentada Pelotas…). La premisa comparte otro tópico general, el de relación alumno/maestro y, en ese sentido, podría compararse concretamente con la trama de Ejecutivo agresivo (Anger management). Si aquella mostraba un curso para combatir la ira, esta se ocupa de un excéntrico y misterioso profesor que dice enseñar a volver “león” a cualquier fracasado, tímido y débil que se apunte al curso. Ahí está Jon Heder, con ese rostro con el cual toda mueca parece sobrar, sometiéndose a los interminables obstáculos del Dr. P, a cargo de Billy Bob Thornton, quien, desde hace tiempo, define con su sola presencia el nivel de las películas que protagoniza. Si hay una diferencia radical con Ejecutivo… es la combinación actoral. En aquella, a las caras de Adam Sandler se le sumaban los exacerbados tics de Jack Nicholson.

En Escuela de pringaos, tanto Jon Heder, con poco de la gestualidad de un Sandler o un Jim Carrey, como Billy Bob Thornton, quien sabe hacer mucho con muy poco, con un rostro permanentemente imperturbable, logran mucho más. Primero, una química adecuada, pero a su vez, el comprender que las buenas comedias se producen con la suma de diversos elementos. Aquí es donde interviene Todd Phillips, su director. La anterior comedia de Phillips, la remake de Starsky & Hutch, fue una comedia con todos los elementos característicos de la dupla Stiller – Wilson, pero el material original, con la consecuente explotación de sus recursos, terminaba “suavizando” el efecto que estas comedias provocan. El resultado aquí es similar, los gags están y funcionan, pero la suma de los elementos genera una comedia mucho más sencilla y menos desbordada que el resto de su tipo. En tal sentido, la participación de Ben Stiller y el vínculo de su personaje con Lesher (Michael Clarke Duncan), explotado particularmente después de los títulos finales, parecen ir por un camino completamente ajeno al trazado por la tríada Heder-Thornton-Phillips, y termina restando, más que sumando, a una comedia delineada con gracia y sutileza.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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