Una película con muchos aciertos, el principal, tocar un tema duro y complejo con la sensibilidad necesaria que este requiere, y sin caer en maniqueísmos facilistas.

★★★★☆ Muy Buena

This is England

Esto es Inglaterra, afirma el título de la película, a pesar de retratar una historia que transcurre en 1983. This is England podría considerarse prima lejana de dos famosas películas, La naranja mecánica, de Stanley Kubrick, y Trainspotting, de Danny Boyle. Ambas poseen propuestas estéticas completamente diferentes a esta, pero pueden llegar a emparentarse. La primera, un clásico a esta altura, es una fantasía distópica sobre una violenta pandilla que comete todo tipo de abusos. La segunda, sobre un grupo de adictos sin aspiración alguna en la vida. Tanto estas obras maestras como este reciente film describen con precisión tres grupos distintos de jóvenes británicos, todos ellos atravesados por un halo de desesperanza. This is England, de alguna manera, describe a la generación que luego se transmutará en la sociedad nihilista y heroinómana de Trainspotting. Una sociedad marcada por el gobierno de Margaret Thatcher, la “Dama de hierro”, figura que protagoniza el cúmulo de imágenes de archivos que dan inicio al film, y por la Guerra de Malvinas (o Falklands, como gustan llamarlas los ingleses), elemento que carga su propio peso a medida que avanza la trama y conocemos mejor a los personajes principales.

El protagonista, Shaun, sin padre y con madre no del todo atenta al accionar de su hijo, comienza a juntarse con un grupo de jóvenes “adorables y revoltosos”, para luego pasar a formar parte de una pandilla de skinheads, siendo adoptado por el líder de esta última. Conceptos como el “espíritu nacionalista” (léase patriotero, racista, etc.) se dan cita sin inocencia, y sin un juicio claramente condenatorio por parte del director. El líder de los skinheads es un joven por demás violento, que carga en sus espaldas con un evidente pasado doloroso, así como el joven Shaun, quien atraviesa un camino contradictorio en su relación con estos jóvenes y sus ideas extremistas. Meadows no vierte discurso hasta bien entrado el final, cuando la violencia y la discriminación se hace carne en las mismas entrañas del grupo. Por el contrario, el inamovible punto de vista de Shaun le permite atravesar un tortuoso trayecto, haciendo hincapié en la ternura y la calidez que le confieren al protagonista sus compañeros de ambos grupos. La síntesis es bastante clara: Los jóvenes no son los artífices principales del fracaso de su generación, son, en todo caso, corresponsables, o víctimas de una clase política que acabó con las esperanzas de muchos. A este evidente discurso llega una película con muchos aciertos, el principal, tocar un tema duro y complejo con la sensibilidad necesaria que este requiere, y sin caer en maniqueísmos facilistas.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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