Un planteo trillado, poco original, e infestado por una exacerbada y constante teatralidad.

★★☆☆☆ Mediocre

Una familia casi perfecta

Podríamos adjudicarle a esta comedia el símbolo de “material de reciclaje”. Para esto, repasemos algo que quizás sea complicado de entender. El director de Una familia casi perfecta, Greg Glienna, dirigió en 1992 una comedia titulada Meet the parents. Si les suena el título, seguramente es por su remake del año 2000, con Robert De Niro y Ben Stiller. Meet the Fockers, la segunda parte de aquella (de la remake, no del original), mostraba a la excéntrica y algo desagradable familia del novio, generadora de varios gags que parecen haber sido copiados literalmente en esta, entendiéndose quizás como una suerte de revancha del director de la original. Está científicamente comprobado, la comedia americana tradicional a veces puede morir en su propio reciclaje, y algo de eso se ve en esta. Las diferencias radican en lo siguiente, si uno podía llegar a reírse de los Fockers, se debía a que los momentos cómicos de esta familia se integraban, por contraste, con los gags de la familia encabezada por De Niro, gags repetidos de la primera parte (es decir, de la remake homónima de la original). A su vez, uno veía a Bernie Focker, y sentía que lo estaba viendo a Dustin Hoffman en versión fresca, híper-relajada, riéndose a más no poder del personaje que le tocó encarnar. Distinto es ver a Danny DeVito y Kathy Bates, quienes, no conformes con devorarse de un bocado esta película (¿alguien podría haber pronosticado otro resultado de esa dupla?), se muestran brutalmente crispados y sobreactuadísimos.

Lejos están de adherirle al guión la cuota de grotesco necesaria para completar la fórmula, por el contrario, le agregan todo el grotesco posible, como si el guión careciera por completo de este, sobrepasando, escena tras escena, el límite de lo tolerable. Pero la historia no termina acá, por si fuera poco hay un intento de mensaje en la película, que por suerte no cae en el desenlace conservador que plantea la penúltima vuelta de tuerca (quizás la más previsible de todas). Aún así, esto termina echando por tierra alguna que otra secuencia graciosa. En síntesis, una buena actuación de Ron Livingston (lo mejorcito del elenco), mas algunos momentos simpáticos y socarrones, que no escapan a un planteo trillado, poco original, e infestado por una exacerbada y constante teatralidad, mérito principal de la ya de por sí grotesca pareja estelar.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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