Una película que desborda por la enorme cantidad de ideas narrativas y riesgos estéticos que asume.

★★★★☆ Muy Buena

Hacia rutas salvajes

El paladar de quienes disfrutan escribiendo sobre cine, tiende a relamerse ante cierta clase de películas. No necesariamente las mejores, las más cerradas, las más coherentes en su totalidad, son las que despiertan más ideas en la crítica. Por el contrario, las verdaderamente interesantes son aquellas que no temen ahogarse en su propio riesgo, en su desmedida ambición. Sean Penn (quien, hay que decirlo, arriesga en todo lo que hace, tanto en muchos de sus papeles como actor, como también en su rol de guionista y director) asume el riesgo de realizar una “road movie” donde la cita literaria, las voces de ciertos personajes, y la multiplicidad de paisajes e historias, se revelan tan importantes como el trayecto del protagonista. Basado en el caso real de un joven que, en 1990, abandona su acomodada y previsible vida para “adentrarse en lo salvaje”, Penn no desaprovecha la oportunidad de hacer una mínima referencia a la Guerra del Golfo, sin embargo, esa escena no deja de ser apenas un apunte anecdótico.

La verdadera ambición de Penn está en explotar al máximo la historia, a través de ciertos recursos visuales, algunos interesantes, correctamente empleados y funcionales a la historia, y otros que, por momentos, muestran un excesivo desparpajo y rápidamente llegan a agotarse. Junto a este esfuerzo de no dejar de aprovechar los recursos técnicos y narrativos (la sobreimpresión de sus anotaciones para no resentir el relato, y la división por capítulos, por ejemplo), llama la atención la forma en que Penn organiza al elenco. El protagonista absoluto es Emile Hirsch, quien para su interpretación de Christopher/Alexander entrega al máximo su talento y su cuerpo, encarnándolo de forma extrema, particularmente en las últimas secuencias. Pero más allá de su enorme y formidable actuación, el elenco está compuesto por un interesante número de figuras de primera talla, y todos aprovechan al máximo sus pocos minutos de participación. Quienes más se destacan en este sentido son William Hurt, Marcia Gay Harden, y un maravilloso y conmovedor Hal Holbrook, quien eleva considerablemente el peso de los actores secundarios. Hacia rutas salvajes es, de alguna manera, “road movie” en su mayor expresión. Una película que desborda humanidad, tanto en la exploración de cierto trayecto espiritual del protagonista, como en la exposición de las muestras de solidaridad de las personas que encuentra en el camino. Una película que, a su vez, desborda por la enorme cantidad de ideas narrativas y riesgos estéticos que asume. Por momentos tiende a equivocarse en sus elecciones, pero en su totalidad prima el esfuerzo, el talento, el atrevimiento (carente por completo de restricciones), y las virtudes cinematográficas que esta historia, para nada sencilla de narrar y con demasiadas aristas interesantes, ha contado en su notable paso a la gran pantalla.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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