Un producto mastodóntico, una superproducción grande, pero de trama pequeña, anémica, carente por completo de originalidad.

★☆☆☆☆ Pésima

10000

Vamos, en serio, ¿alguien puede creer que estos personajes con peinado rastafari y poco disimulado acento “yanqui” pueden siquiera semejarse a habitantes de esa era? Okey. Ya sabemos. No podemos pedirle rigor histórico a Hollywood. No seamos tan estrictos. Pidámosle lo de siempre, pidámosle que nos entretenga. Ni siquiera eso. A cinco minutos del comienzo de 10.000 ya sabemos lo que nos espera, y no nos equivocamos. Un producto mastodóntico, una superproducción grande, pero de trama pequeña, anémica, carente por completo de originalidad, al que se le adosa una obvia subtrama romántica, y rodeada siempre por ese halo de gravedad tan típico en las producciones americanas actuales.

Lo más interesante de este producto, es ver las estampidas de los mamuts, perfectamente reconstruidos digitalmente. El resto, falso, nimio e insignificante. Roland Emmerich nos viene aburriendo hace tiempo con sus majestuosas superproducciones plagadas de efectos especiales, y sus intentos de parecerse a Cecil B. DeMille. Hay una pequeña pero esencial diferencia entre ambos. Cincuenta años después, las grandilocuentes, titánicas y/o bíblicas superproducciones de DeMille aún son recordadas, aunque más no sea como productos “kitsch”. Por algo será, pero ese algo no parece conocerlo Emmerich. Esta, a diferencia de sus anteriores películas, por lo menos dura poco. Después se olvida con mucha facilidad.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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