Lo importante siempre es lo que subyace en su cine, esa delgada línea que separa y une la comedia del drama, la alegría de la tristeza, y que el excéntrico Anderson, como pocos, sabe manejar con suma inteligencia y un equilibrio poco común.

★★★★☆ Muy Buena

Viaje a Darjeeling

Wes Anderson va por su quinta película. Dirigió Bottle Rocket, Rushmore, The Royal Tenembaum, The Life Aquatic y, ahora, The Darjeeling Limited. En todas, utiliza la comedia con ribetes absurdos, como vehículo para narrar historias peculiares de familias disfuncionales y padres ausentes. Su estilo formal siempre llama la atención por su notoria rigidez. Planos generales frontales, travellings laterales, paneos rápidos y zooms violentos en momentos muy precisos de la historia, junto con gloriosos momentos musicales, se han vuelto un sello típico de sus películas. Quizás sea su característica más cuestionable, en su anterior película este procedimiento ya se observaba como un grueso manierismo por parte del director, y surgía la obvia pregunta “¿Hasta cuándo?”. Porque todo procedimiento en algún momento se agota definitivamente, y cabe preguntarse qué haría Wes Anderson sin esos recursos formales.

Tal vez importe poco. Al comienzo de The Darjeeling Limited lo hace correr a Bill Murray para poder alcanzar el tren homónimo. Murray no llega, y en cambio, lo hace Adrien Brody. A ningún seguidor de Anderson le costará entender este comienzo. Bill Murray, actor de tres de sus películas, no será de la partida. Sí lo será Brody, en su primera incursión por el mundo de Wes Anderson. Otro manierismo, otro pequeño guiño autoral. En esta última, hay rasgos que permiten echar luz sobre las películas realizadas por este particular muchacho. Wes Anderson, ya definitivamente distanciado de la compañía autoral de Owen Wilson (aquí firma el guión junto a Roman Coppola y Jason Schwartzman), ha sabido alejarse unos metros de esas historias encerradas en su propio mecanismo formal (más “perfectas”, por otro lado). Los recurrentes procedimientos se vuelven aquí un astuto disfraz para la película. Wes Anderson parece disponer esos recursos como un manto superficial, que oculta bajo su forma una multiplicidad de niveles. The Darjeeling… rodea en su totalidad la palabra “duelo”. Duelo por el padre que ya definitivamente no va a volver (quien se hace ausente aquí es la madre, los jóvenes principalmente le cuestionan el no haber estado en el funeral de su padre). The Darjeeling…, en su primera mitad, oculta en la comedia esa carga dramática (esa tierna mezcla de comedia y drama presente en todas las anteriores), y le basta una muerte accidental hacia la mitad, para volcar ese hilo pesado que atraviesa a los tres hermanos, que luego terminará por distenderse con la aparición de la madre, elemento que reforzará los aspectos emotivos de la película, y prácticamente llevarán a olvidarnos de la comedia que ha quedado atrás. The Darjeeling… además viene acompañado de Hotel Chevalier, un cortometraje presentado como la primera parte de la película.

Hotel Chevalier nos presenta a uno de los hermanos, el menor, tal vez el más interesante y más subvalorado de los hermanos. Constantemente se establece una relación dialéctica con ese cortometraje, ese pasado que Jack parece no poder dejar atrás, y hacia el final esta relación se acrecienta, como algo más que un mero guiño intertextual. Si con La vida acuática, nos preguntábamos si acaso no nos estaba empezando a cansar el estilo “cuadrado” de Wes Anderson, Viaje a Darjeeling nos muestra que poco importa cuántos trucos autorales nos quiera imponer Wes Anderson. Lo importante siempre es lo que subyace en su cine, esa delgada línea que separa y une la comedia del drama, la alegría de la tristeza, y que el excéntrico Anderson, como pocos, sabe manejar con suma inteligencia y un equilibrio poco común.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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