Sin ser una pieza trascendental de este género, cumple y dignifica con una historia cargada de vueltas de tuerca bien resueltas, y otros elementos que, en la mayoría de los casos, operan en desmedro de la historia.

★★★☆☆ Buena

Dueños de la calle

En cada thriller centrado en duelos entre policías, sobrevuela siempre el espíritu de Touch of evil, aquella maravillosa pieza noir de Orson Welles. James Ellroy, autor del argumento y coguionista de Dueños de la calle, es, sin duda, uno de los narradores de policiales más inteligente de la actualidad. Autor de novelas adaptadas al cine con enorme éxito, como L.A. Confidential o The black dahlia, sus obras suelen explorar la difusa línea que separa el bien y el mal dentro del cuerpo policial, una vuelta más compleja, más violenta, e impregnada de actualidad, al duelo entre Quinlan y Vargas en la obra de Welles. En este caso, la historia se centra en el oficial Tom Ludlow (Keanu Reeves), prototipo básico del policial negro, alcohólico, violento, y signado por la trágica muerte de su mujer. Ludlow, quien opera bajo el ala del capitán Jack Wander (Forest Whitaker), se envuelto en el asesinato de un viejo compañero y, para limpiar su nombre, debe correr en dirección contraria para descubrir el complejo entramado de corrupción en el cual ocupa un lugar sin saberlo.

Dueños de la calle, estupendamente dirigida por David Ayer, guionista de la oscarizada Día de entrenamiento (otra de policías corruptos), entretiene con una trama más inteligente y compleja que el común de los policiales y, sin ser una pieza trascendental de este género, cumple y dignifica con una historia cargada de vueltas de tuerca bien resueltas, y otros elementos que, en la mayoría de los casos, operan en desmedro de la historia, mientras que en este caso, lejos de resultar perjudiciales, ayudan a potenciar la trama. Los méritos restantes corren por cuenta de Forest Whitaker y Hugh Laurie, en papeles secundarios pero mucho más ricos que el interpretado por Reeves, quien hace lo que puede para sacar a su personaje del estereotipo simple y a la vez necesario para una más que acertada relectura del género.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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