Lejos de captar todo el brillo del mito, se queda en la mera anécdota romántica y pasteurizada “”para todo público””.

★★☆☆☆ Mediocre

Esta película posee a priori elementos que la podrían haber destacado de otras producciones similares. Desde la figura legendaria de Harry Houdini, hasta el atractivo de la ambientación de época, muchos son los componentes que podrían haberla hecho brillar. Con todo ello, se queda a mitad de camino. Si bien Guy Pearce consigue momentos muy interesantes en su interpretación del ilusionista más famoso de la historia, la inmensidad que posee el personaje se ve afectada por la recurrencia a enfatizar su complejo de Edipo, y su inserción en una historia romántica que, previsiblemente, pasa a constituirse en la línea argumental principal, lo cual convierte a la película en una viñeta edulcorada de la legendaria vida de Houdini. Sumado a esto tenemos a Catherine Zeta Jones personificando el interés amoroso de turno, un papel por momentos atractivo pero que no logra ocultar la notoria pérdida de magnetismo que ha sufrido Zeta Jones con el paso de los años (y su agotador esfuerzo por mostrar cierta ductilidad interpretativa en una amplia gama de acentos).

A la joven Saoirse Ronan le toca el papel de la hija embustera de Zeta Jones, quizás el personaje más trabajado desde el guión y la interpretación. Sin embargo, es inevitable asociarla con su personaje en la película Expiación: Deseo y pecado. Desde su corte de cabello, hasta el hecho de ser la voz narradora de la historia, todo nos lleva a pensar que, lejos de haber construido el personaje a su medida, han optado por imitar el registro de algunos pasajes de aquel film. La vida y el mito del gran Houdini han sido merecedores de un gran número de versiones televisivas y cinematográficas. Sin ir más lejos, si entramos en IMDB, encontramos cinco películas centradas en la figura de Houdini, incluyendo esta. Esto no representa una cifra más. Habla, en todo caso, de la importancia que ha adquirido la atrapante leyenda de Houdini para el público mundial. Desde esta perspectiva, El último gran mago, lejos de captar todo el brillo del mito, se queda en la mera anécdota romántica y pasteurizada “para todo público”, desperdiciando el verdadero potencial que un personaje de su talla podría haber aportado a la historia.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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