No es poco que una película donde además se establece un paralelismo entre el protagonista y el recorrido político-ideológico de su país, se atreva a mostrar que la idea de familia no es tan sencilla como lo es para un niño.

★★★★☆ Muy Buena

Definitivamente, Quizás

Esta comedia romántica posee un par de puntos que la alejan definitivamente del resto de las comedias románticas. En primer lugar, la reconstrucción del pasado amoroso de Will se da a partir de la forma en la que este decide narrárselo a su hija. Si bien, en este aspecto, la película por momentos se corre de este eje, haciéndonos olvidar por completo de esta premisa, tiende siempre a volver a ese presente, con una niña dispuesta a repreguntar sobre cada elemento que Will pone en escena a la hora de describir las mujeres que amó en su vida. Mujeres cuyas historias se van entrelazando, historias que se terminan para volver a aparecer en escena años después. En segundo lugar, el trasfondo político actúa como una subtrama de peso propio, no sólo cuestionando los años de presidencia de Clinton (desde su primera elección y sus primeros escándalos sexuales, hasta el affaire con Monica Lewinsky), sino también ubicándonos en esos años a figuras trascendentales de la política norteamericana actual (en una escena se muestra en un televisor, de una manera un tanto patética, a un joven George W. Bush).

Si bien quizás esa subtrama no le agrega nada a los encuentros y desencuentros amorosos de Will, sirven, sin embargo, para describir el desencanto que conlleva la pérdida de ideales en un joven que decidió mudarse a la gran ciudad para participar en la primera campaña de Clinton, y con el sueño de verse convertido algún día en el presidente de los Estados Unidos, para terminar fracasando en muchas de sus aspiraciones personales. La forma en que se tejen las tres historias románticas, logra, sin querer, que se nos vuelva previsible adivinar con cuál de ellas terminará casándose, lo que derivará en una escena del presente, con su mujer y su hija frente al sector de los pingüinos en un zoológico y, moraleja mediante (la asociación con la monogamia de los pingüinos se vuelve más que explícita), inclinar la balanza hacia la reconciliación familiar. Sin embargo, la película simplemente amaga con este final, y este elemento, que podría haber derribado completamente todo interés en el planteo inicial de la película, termina formando parte sólo del punto de vista de la niña. La realidad, como se la intenta explicar su padre, es mucho más compleja y difícil que vista bajo la mirada de un niño, y finalmente, la propuesta sale airosa de su conservador intento de encorsetarse cuando el protagonista, empujado por su propia hija, vuelve sobre sus pasos para encontrarse con su verdadero amor. En estas idas y venidas, aparentemente ajenas a cualquier disposición ideológica y absolutamente convencionales si las comparamos con cualquier comedia romántica, es donde más se observa el perfil de sus realizadores a la hora de establecer las coordenadas del texto. Y en tiempos ¿republicanos? en los que toda narración de este estilo deriva en una suerte de apología de la familia inquebrantable, no es poco que una película donde además se establece un paralelismo entre el protagonista y el recorrido político-ideológico de su país, se atreva a mostrar que la idea de familia no es tan sencilla como lo es para un niño, aunque muchas otras películas intenten probar lo contrario.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.